sábado, 14 de noviembre de 2009

1.- LIBERTAD Y PERSONAS MAYORES

Tomás Morales Cañedo/Prof. Filosofía

Junio 2009                              

 

                                                       

         Es curioso. Decimos que la persona mayor, jubilada, es la doblemente libre porque:

         1.- ESTÁ ya LIBRE DE ese trabajo estresante, oneroso, obligatorio, sometido a un horario…

         2.- ES LIBRE PARA hacer lo que quiera, cuando quiera, donde quiera,… (pura definición de libertad: opción, elección, decisión,…).

 

         Sin embargo, este mismo mayor, LIBRE, está, cada año que pasa, un poco más limitado (vista, oído, cinestesia, variadas limitaciones orgánicas, desde la próstata a las mamografías, desde la glucemia, el colesterol y los triglicéridos a la analítica del cuello de útero…).

 

         LIBRE pero LIMITADO somáticamente y, por desgracia, a veces, dependiente.

 

         ¡Somos la…. leche, los mayores!

 

         Desde nuestra mucha y múltiple utilidad podemos ayudar a ser libres a otros, familiares o colectivos desprotegidos, pero también podemos interrumpir la convivencia en quienes nos rodean y mermarle libertad.

         Queramos o no, una disminución o merma de la libertad del mayor es un freno a la libertad de los hijos y familiares.

 

         Se comete un error de bulto cuando se pontifica con esa frase ya célebre: "La libertad de uno acaba donde empieza la libertad del otro". Como si la vida estuviera parcelada y cada uno pudiera ser sólo libre en su parcela.

         ¡Qué error!

 

         Igual que la vida discurre y se mete por todos los vericuetos, la libertad auténtica es sólo la libertad con los demás y entre los demás.

         La libertad no es un freno para no chocar, sino un acelerador moderado que se inmiscuye en todo: ideas, creencias, personas, instituciones. Ser libre es caminar con ellas y entre ellas, sin dejarse esclavizar por ninguna, sino enseñoreándose con todas.

         La libertad no es anarquía, veleidad, capricho, arbitrariedad, sino poder hacer lo que se debe hacer en un mundo habitado por otras personas como yo o distintas a mí.

 

         Uno tiene que ser libre para entrar, ver, sopesar y comprar cualquier cacharro en cualquier cacharrería.

         Pero uno no es libre para echar abajo las estanterías. Aunque puedas hacerlo, no debes hacerlo, luego no quieras hacerlo.

         Tú no puedes querer lo que no debes querer.

 

         Sartre, un filósofo existencialista, afirma que "lo sagrado son los otros"

 

         Soy libre en la sociedad, pero no soy libre para fracturarla, para desestructurarla, para cargármela. Tienes derecho a nadar en la piscina, pero no a salpicar a los demás bañistas.

         A todos los bañistas nos interesa mantener limpia la piscina, en las mejores condiciones, incluso cuando tengamos que guardar turno, por aglomeración.

         Siempre "respeto" a las personas, a todas, aunque no te gusten, toda persona es respetable y merece respeto, aunque sea un hijo puta (será una persona hija puta, pero persona).

         Otra cosa es la "tolerancia". Ya no hablamos de personas sino de ideas. Y como hay ideas intolerables ("la raza blanca es superior a cualquier otra raza", "la mujer es inferior al varón"….) no se puede ser tolerante con ellas, sino combatirlas, no admitirlas, mostrarse intolerante,…

 

         Somos parte y, a la vez, usuarios de la sociedad. Es nuestra obligación conservarla porque sólo ella nos posibilita la libertad. No podemos/no debemos desnaturalizarla.

         La libertad, en la sociedad, es como el aire que respiramos ¿quién puede estar interesado en contaminarlo?

         No vayas respirando más de la cuenta, hay aire para todos. Una libertad excluyente es la prisión que uno construye para morir asfixiado en ella.

 

         Los hombres no sólo coexistimos, sobre todo convivimos, pero toda convivencia exige renuncias.

         ¿Qué clase de libertad es la del que vive, solo, en una solitaria isla?

         Se es libre en colectividad.

 

         Una persona, en una silla de ruedas, con movimientos físicos limitados, puede ser más libre que un atleta. Porque la libertad habita y se juega en el campo del espíritu, no en el cuerpo.

         La libertad física ni siquiera es condición necesaria (cuanto menos suficiente) para ser libre.

         Naturalmente es preferible gozar de la libertad de movimientos, pero el espíritu es ajeno, es inquilino del hombre interior.

 

         Viajar por el mundo de las ideas o de los sentimientos es más gratificante que sólo caminar por las aceras. Que se lo pregunten, si no, al padre de los agujeros negros o de la historia del tiempo.

         Ejercitar la gimnasia interna, hacer footing intelectual y transitar por tantos pensadores que en el mundo han sido, produce elasticidad al espíritu. Te hace mejor persona.

         En la introducción a uno de mis artículos recomendaba ese ejercicio intelectual,  para que las neuronas no se oxidaran, porque así se retrasa el envejecimiento.

 

         Dicen que los ciegos compensan la ausencia o deficiencia del sentido de la vista con una mayor estimulación en los otros sentidos, para que no se note la merma. Es una especie de vasos comunicantes.

 

         Quizás cuando el mayor ya no pueda seguir aprendiendo más es cuando empieza a ser más sabio.

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