domingo, 24 de abril de 2011

OCCIDENTE Y EL ISLAM

Tomás Morales Cañedo

 

Cuando leo y oigo, a tanta gente "culta" lo mucho que la cultura occidental-española-andaluza le debe al Islam, me cabreo.

Cuando repaso la trayectoria personal-cultural del "Padre de la patria andaluza", Blas infante, me cabreo, ante tanto "pelota" que no sabe o no quiere saber, nada, de la conversión de Blas Infante al islamismo y cómo el lema del escudo andaluz refleja el ideal islámico o islamista.

Cuando leo que el gran Santo Tomás de Aquino tomó, del filósofo Averroes, la doctrina aristotélica, me cabreo aun más.

Hay una marea de un multiculturalismo rampante que prende en las mente de tanto ignaro.

Hay tantas mitificaciones, ajenas a la racionalidad científica, que tomamos la creencia como ciencia.

"Creemos que algo es así" y damos el insensato salto de, sin contrastarlo siquiera, afirmar que "eso es así".

 

Hace no tanto tiempo reflexionaba (yo) sobre el jamón y la panceta, sobre el vino, sobre la jarana de tanta romería y tanta feria "festiva", sobre la igualdad de mujeres y varones, sobre la concepción del sexo como comunicación y placer, y no sólo como reproducción, la consideración, cada vez mayor, del matrimonio como un contrato entre dos personas mayores de edad, más que como un sacramento religioso, la concepción laica y lúdica de la vida, el placer de exhibir el cuerpo, el placer de tenderlo en la playa y en el agua, el ámbito de la vida privada como lugar para la creencia y la vivencia religiosa, las procesiones semanasanteras como fenómenos sociales, festivos, artísticos, musicales, ornamentales,…. más que como un fenómeno religioso.

¿Qué mérito puede tener el dolor? ¿Cómo puede ensalzarse la pasión?

 

¿Dónde hay rastro de la influencia musulmana en todo esto y más?

 

En la Edad Media el Islam no se helenizó; del mismo modo que Occidente no se islamizó. Y la fuente del agua clara, racional, es helena, no para repetirla, sino para superarla, pero ahí está la fuente.

 

El gran Santo Tomás no sabía griego y tuvo que recurrir a un compañero de la orden dominicana, Guillermo de Morbecke, para que le tradujera a Aristóteles, para poder conocerlo y, si era "aprovechable", asimilarlo y hacerlo propio.

Pero es que los filósofos islámicos Alfarabi, Avicena y Averroes tampoco sabían o no dominaban el griego, y tuvieron que utilizar traducciones de Aristóteles vertidas del griego al siríaco.

 

La lengua árabe, al contrario que la griega, carecía del aparato conceptual y lingüístico necesario para poder verter en ella, fielmente, el contenido de la sabiduría griega.

 

Hay lenguas que usan, sobre todo, el verbo, mientras que el griego usa sobre todo el substantivo ("la substancia"), mientras que el verbo, tanto en "activa" como en "pasiva", son accidentes de la "substancia".

 

En la proposición "Pedro mata" o Pedro "es matado", "matar" y "ser matado" son accidentes que se predican, que se dicen de "Pedro", el "sujeto", la "substancia", el "substantivo".

"Pedro" puede existir sin "matar" ni "ser matado". Lo contrario no.

 

La lengua árabe no es la lengua griega.

 

Es más. El Oriente musulmán se lo debe, prácticamente todo, al Oriente, tanto al cercano Oriente cristiano como al más lejano Oriente indio.

 

Occidente es el resultado de la Sabiduría griega, de la Tradición y Religión judeo-cristiana y de la Razón Ilustrada.

 

¡A ver si nos vamos enterando¡

lunes, 11 de abril de 2011

 ¡QUE DISTINTAS SON!

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

T

ratad de hacer un experimento con distintas personas, a ser posible  oriundas de diversas zonas del país. Es conveniente que sean también de una cierta edad, para tener posibilidad de establecer comparaciones desde su perspectiva.

Desde aquí yo os aseguro el resultado. ¡Cuántos tipos y qué distintas son unas de otras!

Tú mismo, que has vivido la Semana Santa en varias ciudades, habrás apreciado la distinta forma de celebrarla en cada una de ellas. No presupone esto que sean unas mejor que otras, ni que aquellas encierren otros valores morales o religiosos superiores a estas.

En ellas se muestra claramente el carácter que en su celebración ha imprimido la forma de ser y vivir de esa comunidad o población en la que se celebra.

Se unen en un solo acto festivo la celebración religiosa y la folclórica y laica de la celebración de las antiguas fiestas de primavera de los pueblos.  

Así es fácil encontrar el carácter serio del castellano, el folklórico del andaluz, el festivo, alegre y luminoso del levantino.

No es posible, no hay vara de medir justa para determinar cuál de ellas se ajusta más a las normas del buen sentir, a las leyes no escritas que marcan la mayor o menor religiosidad o piedad o amor a los misterios celebrados en esos días, y que coronarían a esa Semana Santa como la mejor.

Yo he visto algunas, en distintas ciudades, y, aunque no soy un experto en estos acontecimientos (y además tampoco siento debilidad por ellos) todos ellos me han gustado o al menos, han marcado tonos y han mostrado escenas, vistas y cuadros, que llaman muy poderosamente la atención de quién los contempla. En cualquier zona donde te halles.

Cuando presentan en televisión un desfile de la Semana Santa empezamos a "temer" qué ciudad será la elegida: Sevilla.

El señorío de las procesiones de la Semana Santa malagueña es muy difícil encontrarlo en otra ciudad donde se conmemoren estas celebraciones. Me refiero al  tipo de procesión andaluza.  Sin embargo, por la reiteración en mostrarnos año tras año las celebradas en las mismas ciudades, nos produce la sensación de que al parecer no existen otras que merezcan la pena prestarles atención, fuera de las habitualmente presentadas.

Partimos ya con la premisa de que cualquier otra Semana Santa, celebrada en otra ciudad distinta a la que hemos visto ininterrumpidamente desde la niñez, no puede tener la majestuosidad, la elegancia, la alegría, el sentimiento ni la presencia de sus hermandades y la riqueza de su imaginería.

Y te encuentras con sorpresas, impresionantes sorpresas, cuando contemplas otras Semanas Santas,  distintos modos y variadas aportaciones inimaginables con anterioridad. 

Jamás habría podido imaginar una Semana Santa como la que encontré la primera vez que visité Hellín, en Albacete. Hellín es llamada "la ciudad del tambor", y es precisamente en Semana Santa cuando gana ese título.

Este pueblo duplica su población en esa semana y soporta en los días que van del miércoles al atardecer hasta el domingo, hasta que desfallezca el último tamborilero, unos decibelios, una aglomeración de gentes tocando el tambor a ritmos determinados por cada una de las peñas actuantes, que al visitante desconocedor de estas costumbres le hace repetir aquello de "si lo sé no vengo" o "no vuelvo a este pueblo en semana santa".

Sin embargo, es muy apreciada por quienes la conocen y ensalzada por todas las críticas a nivel nacional. ¡Qué distintas son todas ellas!

En una ocasión vi en Cuenca la procesión de Las Turbas, o como vulgarmente se conoce como la de Los Borrachos.     

Uno se imagina el paso del Nazareno por esas calles de Jerusalén, yendo de Anás a Pilatos y otra vuelta, y ve a estos "turbos" conquenses, y crees que alguna relación hay entre una y otra situación. Grados de alcohol, insultos, risas, y desorden (dentro de un orden).

 

El lógico final a la llegada de las turbas a la Plaza Mayor, punto de disolución de la citada procesión, es el que todos esperan. Normalmente son las fuerzas del orden las que tienen que intentar ponerlo entre tanto "turbo", que para el que no conozca su funcionamiento, comienzan su preparación el día anterior, reuniéndose en una zona de las afueras de la ciudad, donde se procuran "recomponer" hasta la madrugada del viernes cuando deben acompañar a sus imágenes en la llamada Procesión de las Turbas.

La concentración de la tarde y noche del Jueves al Viernes, entendemos que no es para hacer penitencia ni ejercicios espirituales. Todos pensamos qué tipo de ejercitaciones realizarán en esas horas. De ahí su posterior animación y disposición a cumplir con su mandato. En su papel.

También en este caso, no hay nadie que pueda convencer a los seguidores de la Semana Santa de Cuenca de que esta es insustituible por cualquier otra. Indudablemente, he nombrado esta procesión por ser la más original, pero esta Semana Santa desarrolla unas salidas procesionales extraordinariamente ricas en imágenes y cofradías, así como envueltas en un profundo silencio, llenas de fervor y dentro de un impresionante marco urbano, por donde se desarrollan las mismas.

¡Cómo no van a ser tan distintas unas de otras!

Podríamos detallar miles de procesiones o de distintos aspectos que diferencian unas celebraciones de otras.

¡Qué distintas formas hay de celebrar un mismo hecho, y qué extraordinarias y sobrecogedoras todas!   

 

 

domingo, 3 de abril de 2011

EL DOLOR, UN INGRATO COMPAÑERO


Mayte Tudea Busto

1-Abril-2011


Durante unos pocos días he vivido sorprendida conmigo misma porque no deseaba leer, ni escribir, en muchos momentos ni tan siquiera hablar, pendiente únicamente del próximo desplazamiento de la cama al sillón en el que me obligaban a permanecer por decisión facultativa, o de la cama al baño para no tener que someterme a la indignidad de la cuña y del dolor que indefectiblemente se iba a producir al realizar esos movimientos.

Nunca he comprendido tan bien como ahora la frase de Tomás que tengo grabada de que “el dolor lo torna todo sospechoso”. ¡Que cierto es! Te condiciona, te inutiliza y cuando es muy virulento, incluso te aniquila. Tú puedes intentar dominarlo, soportarlo, disimularlo, pero aunque entre en juego toda tu voluntad para conseguirlo, termina por delatarte en la expresión de la cara o en el rictus que asoma incontenible.

Cada uno de nosotros nos hemos ido labrando a lo largo de la vida una personalidad o características que nos distinguen, sean éstas positivas o no. Los hay valientes, medrosos, extrovertidos, tímidos, resistentes, débiles, y así un largo etcétera que nos define ante los demás y que terminamos por asumir nosotros mismos, aunque no siempre estemos tan convencidos interiormente como parecen estarlo los que nos rodean y nos conocen.

Pues bien, uno los rasgos que me han adjudicado desde que era muy niña, ha sido “tú eres muy fuerte”. Mi padre me insistía mucho sobre la frase de que “las lágrimas no solucionan nada”, y me repetía su credo estoico que él aplicaba a su vida y expresaba siempre en esta máxima “Si tu mal no tiene cura ¿por qué te apuras? Y si la tiene ¿por qué te apuras también?” Yo le admiraba y le quería tanto, que intentaba siempre responder a lo que esperaba de mí y procuraba no defraudarle. Y es posible que comenzara demostrando fortaleza sin tenerla, y que como todo lo que se ejercita, terminara por adquirirla, francamente, no lo sé. Lo cierto es que cuando ya estás clasificada, parece obligado responder al “cliché” en el que te han colocado y mantener el tipo en cualquier circunstancia, más que nada por no decepcionar al personal.

Pero hay momentos en los que a una le gustaría mostrarse débil, necesitada y que alguien más fuerte te reconfortara, resolviera, se hiciera cargo de forma decidida en las situaciones difíciles. Por fortuna, yo lo tuve durante un tiempo precioso y ahora lo he echado profundamente de menos. Sería muy desagradecida si no reconociera que mi familia ha estado y está totalmente volcada en mí, y mis amigas y amigos disponibles para ayudarme, mucho más de los que esperaba y quizás de lo que merezco, pero ver descomponerse el rostro de mis hijos, también de mis nueras, ante un gesto mío de dolor, me ha obligado a contenerlo y disimularlo, y a sonreír sin ganas, y a bromear sobre mí misma y la situación, para hacer más llevadero el lío en que de modo fortuito les he metido.

Bueno, creo que he exprimido a fondo el serial de la cadera fracturada y parece conveniente, como en los toros, cambiar de tercio. No apuremos la faena, porque se puede aburrir el personal. Hace ya dos semanas que he recuperado mi afición por la lectura –me he leído un “tocho” de setecientas páginas y he iniciado otro de parecido grosor-, he escuchado música de mis queridos clásicos, y he escrito otra vez con ganas sobre lo que observo y sobre lo que me preocupa.

Y desde mi casa he programado y resuelto temas de la Asociación con la colaboración inestimable de mis compañeros.

Cuando alguien me pregunta si me he aburrido durante este tiempo de reclusión obligatoria les contesto: ¿aburrirse, eso que es?

lunes, 28 de marzo de 2011

MATRIA, PATRIA Y FRATRIA

(2ª parte)

Tomás Morales Cañedo

 

         Entiendo por "FRATRÍA" a la especie humana, a la humanidad entera, sin discriminación de tipo alguno, ya que todos somos/debemos ser hermanos desde el momento en que "todos los hombres somos esencialmente iguales (no desiguales) aunque seamos distintos (no idénticos)".

 

         Si los Derechos Humanos son universales es porque todos pertenecemos a la especie humana, aquello en lo que todos coincidimos.

         (Me opongo, pues, a los derechos fundamentados en la distinción, derechos humanos por ser distintos (por ser homosexuales, por ser negros, por ser cristianos, por ser mujer, por ser vasco…).

 

         Con "FRATRÍA" quiere decir lo mismo que algunos filósofos griegos cuando afirmaban "ser ciudadanos del mundo", no ciudadanos de una ciudad concreta, sino que la única ciudad fuera la tierra.

 

         Si la Matria es el origen y ella nos da la vida, la Patria (entendida como Sociedad) es la que cuida de nuestro desarrollo, de nuestro crecimiento adecuado, mientras que la Fratría sería la Meta a la que llegar.

 

         "La MATRIA nos nace, la PATRIA nos hace, la FRATRIA nos ennoblece, nos perfecciona, nos eleva a una categoría superior de hombre.

 

         Si apenas éramos un apéndice de la Matria, dependientes de ella por una cadena umbilical, nos hicimos independientes en la Patria  para, finalmente, estar pendientes de todos los hombres.

 

         Algo que suelo repetir "nos nacen hombres, nos hacen humanos, nos hacemos personas"

 

         Desde (1) el "no puedo", desde la dependencia total, desde el ámbito de la necesidad, desde el no ver, al (2) ámbito de la libertad, de la independencia, del "sí puedo", del ver el presente, del atender al aquí y al ahora, para desembocar en (3) "debo", el ámbito de la moral, del compromiso, del mirar al futuro y ver realizada la utopía de la unificación de la especie humano.

 

         Desde el "yo" al "nosotros" y, desde aquí, al "todos".

 

         La cuarta pregunta kantiana: "qué me está permitido esperar" ha sido interpretada, por muchos filósofos, en clave religiosa, como perteneciente al ámbito de la religión y que tiene que ver con "el más allá" de esta vida.

         Creo que esta pregunta podría entenderse adecuadamente si introdujésemos el término-concepto "racional" y la cuarta pregunta quedaría así: "qué me está permitido, racionalmente, esperar" y ya no quedaría encadenada a la religión sino a la historia, al futuro, al más allá del ahora, pero aquí.

         Esto conllevaría el tener que justificar las acciones, si me dirigen o me desvían de la meta a la que llegar.

         Estamos hablando ya no sólo de acciones individuales (mías) sino también, y sobre todo, de acciones sociales (nuestras), para poder ser calificadas de morales o inmorales.

 

         Desde el "agradecimiento" a la Matria y la "cooperación" con la Patria a la "solidaridad" de la Fratría.

 

         Necesitamos, ya, ser personas que vean más allá del momento y piensen más allá de la época en que estamos instalados.

         Necesitamos borrar las separaciones que hasta ahora nos han caracterizado. Barreras  geográficas, políticas, ideológicas, raciales, nacionalistas, sexuales,…y reunificar a la especie humana, como una, respirando el mismo aire, el de la solidaridad, el de la Fraternidad.

 

         Si ha existido y existe el "amor fraterno", el amor entre hermanos, procedentes de una misma pareja, ¿por qué no el "amor fraternal" entre todos los que formamos la misma especie, la "especie humana"?.

 

         Dice Ortega que "amar una cosa es estar empeñado en que exista".

 

         ¿Por qué no amar esa "u-topía" para que deje de ser "u-topía" y se convierta en "tópica", en una realidad existente?

 

         Quizá haya llegado la hora de realizar esa gran Utopía: que GAIA sea la gran MATRIA, desde la PATRIA de las naciones, reinando la FRATRÍA.

 

         El nuevo paraíso terrenal pero, esta vez, no donado, no dado gratuitamente, sino paso a paso, codo con codo, entre todos conquistado.

lunes, 21 de marzo de 2011




A PESAR DE LLEVAR MÁS DE 27 AÑOS
Ángel Pulla Dijort/Málaga

“¡Burréalo, Marcos, burréalo! ¡Burréalo bien burreao!”
No creas que para mí fue fácil saber qué es lo que un señor ya talludito, le gritaba a un niño de unos ocho años, en el paseo marítimo de El Palo, cuando se disponía a “regatear” a otro señor que le hacía frente con un balón en los pies.
De ahí deduje yo, que para eso soy muy sherlockholiano, con perdón, que el mencionado “burreo” consistía en el vulgar regateo. Ni más ni menos.
Para eso no hay que ir a Salamanca, pero sí a Málaga. Porque eso no se oye en cualquier otro sitio del mundo. Solo en Málaga.
Y luego dicen los malagueños, cuando les dices que no te enteras de lo que te están contando, que ni que hablaran en catalán. Pues, mira, ¿de qué idioma es el “burreo”?
Que conste que llevo más de veintisiete años en Málaga, siempre hablando con malagueños/as (que no se me enfaden los de la Junta) y quedándome con todos los dichos que he podido retener.
Pues todavía quedan más.
Cuando salimos de clase y voy oyendo a mis amigos, Joaquín, Andrés, Juan, y sus respectivas, siempre hay palabras a las que tengo que poner especial atención, y repensarlas después para quedarme con lo que han dicho. No lo he cogido a la primera.
Al principio de estar en Andalucía, cuando llegaba el tiempo de Carnaval, me gustaba escuchar en televisión los carnavales de Cádiz. Decidí grabarlos porque era la única forma de poder entenderlos, a fuerza de volver a escucharlos. Cuando los oía en directo no cogía ni una. Imposible. Aun ahora hay alguna que se me escapa, pero entonces eran todas.

No quiero reírme de los nombres que encuentro raros, porque ya en más de una ocasión me ha ocurrido con algunas “palabritas”, que yo no conocía y que creía que o no existían o estaban mal utilizadas, o que pertenecían a la jerga de la tierra de la Pepa (por la tierra de Hellín y Murcia), y al final he tenido que admitir que eran de curso legal y además muy bien utilizadas, “aletría”, “alferecía”, etc.
Además tenemos cierta facilidad para usar palabras, no necesariamente raras o típicas del terruño, sino palabras habituales, pero las utilizamos sin precisar el significado exacto.
Esto es un pecado mortal para alguien dedicado al derecho, por ejemplo. Nos quedaríamos pasmados viendo cómo el uso de una palabra en lugar de otra, que para nosotros tiene el mismo significado, hace variar en un tribunal de justicia la calificación del hecho. Ayer oí en radio a un experto explicar la causa del cambio de imputación de “asesinato” u “homicidio” y verdaderamente la declaración de un testigo, no muy bien aleccionado por su abogado, puede conseguir que ese homicidio, agravado, pase a ser asesinato.
Recuerdo cuando debía reportar mis informes, tanto financieros como gestionales (comerciales, técnicos, etc.) a Central, el cuidado que debía observar en la selección de las palabras, como en la relación de los hechos, porque cualquier error en su elección podía significar que la otra parte entendiera el informe no como yo había previsto que lo hiciera.
Cuando cambias de ciudad, mejor dicho, de zona – comunidad, siempre son los niños los primeros en aprender la jerga utilizada en ese nuevo asentamiento. Tienen más facilidad y captan inmediatamente el habla de los compañeros. Y la hacen suya.
Así me sorprende cuando, al poco tiempo de llegar a la urbanización donde vivo, con un parque infantil recien inaugurado, me dicen mis hijas, que en aquel tiempo estaban en edad de utilizarlos “papá, nos vamos a chorrearnos al parque”.
No entendía qué es lo querían hacer. No lo entendía hasta que no las ví que subidas en un tobogán, se dejaban resbalar por su pista hasta bajar de la montañita.
Eso es un “chorreo”. En Málaga, claro.

lunes, 14 de marzo de 2011

JAPÓN.

Tomás Morales Cañedo

Raro es el mes que no recibo de mi Gestoría una carta en la que me comunica que el “día tal” se me cumple y tendré que pagarle el Seguro.
Y yo, como casi todos, tenemos asegurado lo habido y por haber. Seguros del coche y de la vivienda, seguros de enfermedad y de vida, seguros de entierro y de los electrodomésticos (ya saben, eso de, “amplíe la garantía), seguros de viaje (por lo de las maletas o la huelga de controladores)
En las escuelas se impone la seguridad vial y, quien más quien menos, tenemos nuestra seguridad social.
Tenemos aseguradas las tarjetas de crédito, exigimos que en nuestro barrio haya seguridad ciudadana, servicios de seguridad en las playas. Hasta cerraduras de seguridad en nuestras puertas.
En algunos chalets de Madrid el dueño se ha construido, en el sótano, “la habitación del pánico” (por si entran a robar o a secuestrarlos, encerrarse allí y estar fuera del alcance de los cacos o de los secuestradores), seguridad doméstica.
Naturalmente, también exigimos que, si hay centrales nucleares, haya seguridad nuclear.

Estamos, vivimos, tan inseguros, que cultivamos la “cultura de la seguridad” y creemos, alegremente, que mientras podamos pagarla, estamos a salvo de accidentes y de incidentes.

Pero hay seguridades que dependen de nosotros (como todas las anteriormente descritas), pero hay otras que no. Por ejemplo, ante un terremoto, y su correspondiente tsunami, nadie está a salvo, nadie puede estar seguro, porque nunca, nadie, hasta el día de hoy, puede preverlos.
Toda nuestra cultura de la seguridad queda en suspenso ante un fenómeno natural imprevisible, descomunal y descontrolado.

La tecnología japonesa construye edificios con estructuras antisísmicas, que son capaces de bailar y bambolearse al ritmo de los platillos de las placas tectónicas.

Ya tenemos, de nuevo, presente la dialéctica “naturaleza vs cultura”.

Para nuestra seguridad legislamos, a fin de evitar accidentes provocados por el hombre. Pero ¿qué hacer ante un terremoto?

Ya estoy viendo a los ecologistas de guardia (los ecólatras), con la caña preparada (que estaba colgada detrás de la puerta) saliendo en manifestación, con megáfonos incluidos, o viajando en avión para manifestarse ante la cumbre del G no sé cuántos, no siendo que se ponga en peligro al sapo mosquitero o a la cucaracha rubia, y despotricando contra el progreso tecnológico (que ha construido los megáfonos y los aviones).

Que la naturaleza está ahí y que la tenemos bastante controlada, es un hecho. Pero no “totalmente” controlada y, de cuando en cuando, y sin avisar, se presenta y nos hace la puñeta.
La posibilidad del peligro natural siempre está ahí, aunque sean muchas más y mayores las ventajas que sacamos de su conocimiento y dominio.

¿Habrá algo más “natural” que los virus y las bacterias? ¿Dejamos que se desarrollen en nuestro cuerpo, de “manera natural”, o les cerramos la puerta o los expulsamos o matamos con la penicilina cultural?
¿Habrá algo más “natural” que la inflamación del apéndice (la apendicitis)?, ¿Dejamos que se desarrolle de “manera natural”, que estalle, que nos produzca una peritonitis, (todo de manera “muy natural”) o llamamos a la ambulancia y que nos traslade al Clínico para que el cirujano (cultural) nos la extirpe?

Es un hecho que ha ocurrido un terremoto. Un fenómeno “natural”. Ahora llegan las interpretaciones. Desde los que ven en ello una venganza de la naturaleza, o un castigo divino, o las fuerzas del mal desatadas, o un prólogo al fin del mundo (milenarismo), un aviso divino para que nos arrepintamos, la próxima venida del juicio final, el apocalipsis, la rebelión geológica, el karma…

¡Estupideces!

Cuando lo que realmente ha ocurrido es un hecho tan natural como la salida diaria del sol, con la diferencia de que el movimiento de las placas tectónicas es muy lento, no es muy corriente, y puede ser devastador o no. ¿No hay, constantemente, terremotos de tan baja intensidad, que apenas los notamos?

La seguridad total, ni humana, ni natural, es una utopía.
(Cuando el no tan lejano terremoto de Haití dejé escrita una reflexión con el título “La firma de Dios”).

El en otro tiempo universal “culto a Dios”, ha sido trocado, para muchos, en “culto a la naturaleza”, cuando, si lo pensamos fríamente, comenzamos a humanizarnos cuando, una vez que estuvimos adaptados a la naturaleza, no impusimos sobre ella, la conocimos, la dominamos y comenzamos a que ella se adaptara a nosotros, para no tener que depender de ella.

¿La tenemos “totalmente” controlada? Evidentemente no. Ahí tenemos el terremoto y el consecuente tsunami.
¿Culpables? Nadie. La culpabilidad sólo pertenece a la conciencia de los hombres, no a las fuerzas de la naturaleza.
¿Es, la cultura, culpable del terremoto japonés? Por supuesto que no.
Gracias a la cultura volamos, sin ser aves, y buceamos sin ser peces. Gracias a la cultura vemos lo que ocurre lejos y podemos ayudar a remediar necesidades.

Por la cultura el pueblo japonés, con ayuda de todos los demás, volverá a levantarse y a ser, otra vez, pionera.

Ya oigo a muchos ecologistas antinucleares, ignorantes, gritando sobre “otro Chernóbil”, mezclando elefantes con conejos, porque tienen el mismo color.
Olvidándose (o no sabiendo, lo que sería peor) que lo de Chernóbil fue la consecuencia de unos funcionarios corruptos, de un régimen para olvidar, mientras que lo de Fukushima ha sido la consecuencia de una fuerza de la naturaleza, de potencia excepcional.

Japón tiene 54 reactores nucleares. Solamente 2 han sufrido daños. Tienen más de 40 años. Estaban diseñados para soportar temblores de hasta 7,5 grados en la escala de Richter. El terremoto ha tenido 8,8 ó 8,9 grados.

¿Se imaginan que un terremoto de esa intensidad hubiera ocurrido en cualquier otro país?

Pero….