sábado, 24 de abril de 2010

LA INOCENCIA PULVERIZADA

Mayte Tudea Busto

                                                                                 

 

Iba sentada en el autobús, camino de El Ejido, como cada tarde de lunes a jueves. Junto a mi asiento, dos chicas muy jóvenes, vestidas como lo hacen casi todas las chicas de su edad,  falda súper breve, y esa extraña moda de llevar prendas largas por debajo y cubrirlas con otras muchísimo más cortas por encima. No está en mi ánimo criticar la vestimenta de hoy en día (todos fuimos jóvenes en su momento y a nuestros mayores les espantaba lo que nos poníamos, poco más o menos como ocurre ahora).

 

Una de mis nietas me preguntó hace unos días con un candor indescriptible: "Abuela, ¿tú has sido joven alguna vez?" Le contesté un poco molesta: "Incluso he sido niña, cariño". Me miró con sus transparentes ojos azules algo sorprendida, y leí en su mirada: "Si lo dice mi abuela  tiene que ser verdad". Los niños, con mayor frecuencia de la que deseamos, nos colocan en nuestro sitio.

 

Bueno, esta es, como siempre, una desviación hacia los "cerros de Úbeda",

algo tan proverbial en mí, que ya ni siquiera me extraña. Este lapsus venía al hilo del encuentro con las dos chicas del autobús. 

 

Hablaba del atuendo que llevaban, y aunque a mí me parezca esta moda muy poco armoniosa, las jóvenes sí lo eran. Altas, esbeltas, con unas caritas agraciadas e infantiles. Calculé que ninguna de las dos sobrepasaba los quince años.

 

Comenzaron a hablar. Lo hacían en un tono normal, sin estridencia pero sin recato. No presté atención a lo que decían, hasta que una frase  me hirió en el oído e hizo que mis "antenas"se erizaran y a partir de ese momento, y aún sin quererlo, no pude evitar escuchar la conversación que mantenían.

 

No soy capaz de transcribir lo que oí en el breve trayecto desde la Alameda hasta el santuario de la Victoria. Pura pornografía. No podía dar crédito a lo que llegaba a mis oídos. Si lo que contaban era cierto, dejaban a Mata Hari, -la famosa espía- en auténticos pañales, y si no lo era, el desparpajo con que utilizaban ciertos términos y el conocimiento de la materia, me dejó francamente apabullada. ¿En qué escuela se habían matriculado aquellas "tiernas criaturas" y obtenido premio fin de carrera "cum laude"?

 

Hasta hace muy pocos años me odiaba a mí misma cuando se me escapaba alguna frase de las que había oído a mi madre, y que en su momento me irritaba. "En mis tiempos..." "¿Adonde vamos a ir a parar...?" "Pero esta juventud, ¿qué es lo que quiere...?". Lugares comunes, pensamientos que yo entendía reaccionarios  y fruto del abismo entre generaciones.  Jamás creí que podría planteármelos en serio y sopesarlos en algún otro momento de mi vida. ¡Dios! ¿Tan mayor soy ya?

 

De verdad, les aseguro que si hubieran estado ustedes junto a mí en el autobús, les vendrían a la mente reflexiones similares.

 

Sé que todos los jóvenes no son iguales. Sé que sólo llama la atención lo negativo y lo estridente. Que hay una juventud sana que estudia o trabaja, (esto último es más raro), y pasa desapercibida. Pero sinceramente, cuando veo a las niñas, (son sólo niñas), tiradas materialmente encima de los chavales, e incluso "metiéndoles mano", y hacerlo de un modo desafiante

y en muchos casos impúdico, recuerdo los inocentes ojos de mis nietas y me echo a temblar.

 

Y si pienso en la violencia adolescente, la piel se me eriza. Tengo entendido que se ha realizado un estudio sobre esta materia, y que las chicas violentas, lo son mucho más que los varones. ¿Qué pequeños monstruos estamos creando?

 

A la ministra del ramo correspondiente, preocupada porque las niñas conozcan a la perfección "el mapa de sus zonas erógenas", le recomendaría que aplicara sus desvelos a conseguir que éstas niñas y también los niños, adquieran valores de mayor trascendencia y se formen como seres humanos íntegros y responsables ante sus acciones.

 

Y las clases de educación sexual,  la ministra podría recibirlas de las chicas de mi autobús,  y sin coste económico alguno.

 

23-abril-2010

domingo, 18 de abril de 2010

SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

Antes de nada quiero disculparme con Tomás, a quién le he robado parte de sus días de exposición en primera plana en el blog. Yo siempre mantengo ahí el artículo escogido durante, al menos, una semana. Esta semana, aunque el artículo de Tomás, como todos los suyos, se lo merecen, no puedo por menos que escribir estas cuatro líneas sobre algo que me desasosiega: soy incapaz de entender la postura de los jueces (esas dos líneas enfrentadas en perfecto plan bélico) sobre algunos asuntos, especialmente en lo referente al magistrado de la Audiencia Baltasar Garzón.

 

No entiendo que a un juez, que ha errado en sus procedimientos, se le reprenda y al juez Garzón por el mismo motivo se le procese, se le juzgue y posiblemente se le suspenda.

 

No entiendo que un sindicato ultraconservador (¿eso puede ser un sindicato?), apoyado por un partido sin ningún tipo de representación y con sus antecedentes, consiga que unos señores magistrados procesen a su compañero, admitan una serie de demandas contra el mismo, rechacen todos los recursos y estén a punto de ser ellos mismos los que decidan el futuro de este magistrado.

 

No entiendo. No sé nada. Solo sé que no sé nada, tristemente.

 

Y me quedo patidifuso cuando veo en televisión que unos señores llamados periodistas mantienen unas opiniones sobre este asunto, y algún otro, que dan miedo. Y unas opiniones, expresadas mediante correos al programa, de algunos espectadores, que… no es que den miedo, ¡es que "acojonan"! Me niego a admitir el regreso abierto de las dos españas. Me niego, y lo temo.

 

¿Tan difícil es ser sensatos?

jueves, 15 de abril de 2010

LA  RAZÓN

Tomás Morales Cañedo

Verano 2009                                    

                  

         Divulgar la filosofía, no es "vulgarizarla", en el sentido despectivo que tiene esta palabra, sino sacarla a la calle, presentársela al público no especializado en filosofía, al pueblo, al vulgo, en sentido literal, al común de los mortales

 

         Es bajarla de las estanterías, quitarle un  poco el polvo y ponérsela a mano al público, para que pueda manosearla, saborearla, gustarla, probarla.

         Para que la gente compruebe que el producto merece la pena, que es bueno, muy bueno y, además, es gratis.

         Es hacer un poco de Sócrates.

 

         Si estamos donde estamos es por la Razón y no por otras razones o motivos.

 

         Si somos lo que somos es por la razón y no por otras razones.

 

         Los acuerdos, los contratos, las democracias,… son lo que son por ser racionales.

         Es racional pactar y ceder en parte, a exponerse a morir y perderlo todo.

        

         La razón y la libertad son amigas inseparables.

 

         Las "cadenas" de las que un día, en un e-mail, nos recordaba Joaquín, pueden ser/deben ser rotas sólo con la lima de la Razón.

 

         Quiero recordar que fue Verlaine el que, taxativamente, afirmó:

        

          "Occidente es: ATENAS (Inteligencia, logos, razón, ciencia,….) más

                                   : ROMA (Sociedad, leyes, derecho, lengua, obras públicas, planificación urbana, política….) más

                                   : JERUSALÉN  (Religión, moral-ética, concepción de la vida, visión del mundo, mentalidad….)

 

         Quizá sea por ello mi extrañeza cuando, en la no muy lejana reforma de la Constitución Europea, ciertos sectores insistían e insistían en la necesidad de que constara, expresamente, una alusión, aunque sólo fuera en el Preámbulo, de la importancia de la Religión cristiana en la conformación de Europa.

 

         Cuando, sin desmerecer la influencia de la Religión, (que la ha tenido, por suerte o por desgracia, durante muchos siglos) nosotros somos, al menos hoy día, más hijos de Atenas y de Roma que de Jerusalén.

 

         Hace algunos siglos nos advertía un filósofo europeo de una táctica que el denominaba "astucia de la razón".

         Consistiría en que ella siempre iría consiguiendo sus fines aunque los hombres, en su actuar, creyeran que eran libres para hacer esto o lo otro. En eso consistiría su táctica. En que cuando, a veces, parezca que la razón da un paso atrás, en realidad es para tomar impulso y poder dar un salto mayor. Como hacen los atletas.

 

         Parece como si a lo largo de todo el tiempo que el hombre lleva viviendo sobre la tierra la razón siempre hubiera estado presente, aunque de maneras distintas. Unas veces la razón está, latente, preparándose para su aparición. Es la época de la presencia del mito como mentalidad. Poco a poco el mito comienza a hacer aguas como explicación plausible de la realidad y la razón va asomando, poco a poco, pero de manera segura, preparando sus cimientos y pilares, es el surgimiento de la filosofía como alternativa al mito.

         En la época de la razón muchas veces se acierta pero muchas más veces se equivoca, pero siempre avanza, apoyándose en las verdades descubiertas y reconociendo los errores para no volver a cometerlos.

         A pesar de que se haya dicho que la historia de la humanidad es la historia de la verdad, más bien habría que decir que es la historia de los errores que, poco a poco, van siendo superados.

         Porque lo normal es errar, equivocarse.

         Cuando uno está en un cruce de caminos, sin indicaciones, más pronto que tarde uno elegirá el camino equivocado. Aunque reconocer un error ya es un acierto.

 

         Es la época de la aparición y desarrollo de la ciencia o filosofía, con el único criterio de lo racional como verdadero.

 

         La historia de la Razón puede ser contada en varios capítulos:

         1.- Embarazo durante varios millones de años; y la criatura no se desarrollaba porque no se la alimentaba.

         2.- La curiosidad, la extrañeza, la admiración,… ante fenómenos naturales empieza a lanzar porqués en todas las direcciones. Los porqués son preguntas que solicitan ser contestadas, pero en el mismo plano, en el plano natural, sin recurrir a los dioses o seres del mundo sobrenatural o mágico.

         3.- Oficialmente la criatura denominada Logos o Razón nace en el siglo VI a.C. Y, oficialmente, el primer filósofo será Tales de Mileto, que, además de filosofar, con la Razón, se dedicaba a las Matemáticas (Geometría). Recordemos el Teorema de Tales. Sólo y totalmente racional.

         4.- Durante la Niñez tuvo suerte. Tuvo unos tutores o padres que la cuidaron con cariño, la practicaron en sus vidas, la ayudaron a crecer. Hablamos tanto de los Presocráticos como de los Sofistas, de Sócrates, de Platón, de Aristóteles, de las escuelas socráticas (epicureísmo, estoicismo…).

         5.- En esta época nació otra criatura que le haría la vida imposible. Estamos hablando del Cristianismo. Una religión, vástago del judaísmo, pero que cobrará mucho auge, por lo mucho que promete y por lo poco que exige (a fin de cuentas, la mayoría de los primeros conversos ya eran pobres, eran perseguidos, pasaban hambre,… (que son las bienaventuranzas). La filosofía, con la sola guía de la Razón, no es muy bien vista por los cristianos, que sólo se guían por la fe. Hay que escuchar los truenos e improperios de un Tertuliano. Aunque poco a poco los cristianos van a darse cuenta de que la única manera de defenderse y de atacar a los filósofos es utilizando su misma arma, la Razón, por lo que buscarán una armonía entre Fe y Razón, pero que cuando surjan divergencias la fe estará por encima de la razón. A fin de cuentas, lo importante no es vivir esta vida sino utilizarla como moneda de cambio para la otra, que es eterna,…….

         6.- La filosofía es considerada como auxiliar, como "ancilla", como sierva de la Teología, que será la realmente importante. Durante muchos siglos el poder religioso estuvo aliado con el poder político. "Tú me ayudas. Yo te ayudo". "Tú me permites y no permites a mis contrincantes y yo, en correspondencia, actúo en las conciencias de tus súbditos inculcándoles que "el poder viene de Dios" y que, por lo tanto, desobedecer a la autoridad civil es no sólo delito, sino también pecado. La vida eterna, pues, le es negada. El infierno eterno es el lugar de los pecadores….".

De religión perseguida a religión perseguidora. Monopolio religioso. Excomuniones,…

         7.- Siglo XIV, Guillermo de Ockham, el de "El nombre de la Rosa", que separa los ámbitos de la fe y de la razón. "Lo que se sabe no se cree, lo que se cree no se sabe". Por si fuera poco, ruptura desde dentro. La Reforma. También las Monarquías dejan atrás al Feudalismo. Aparece la burguesía, aliada de las monarquías.

         La separación de poderes conlleva la separación de la Ciencia respecto a la Teología. Los grandes científicos se desentienden de respuestas religiosas. Copérnico versus Ptolomeo y el Génesis. Galileo versus Aristóteles. Renacimiento versus Edad media,….

         8.- Triunfo de la Razón. La diosa Razón sustituye al Dios de la Religión respecto a todo lo que concierne a esta vida, a los astros, al futuro…

Entusiasmo, fe en la Razón, que se convierte en la llave o la clave que nos abre el futuro y nos dirige hacia él. Confianza en el Progreso, que está en nuestras manos, que depende de nosotros, que lo dirige la Razón…

         Es el triunfo de todo tipo de revoluciones, científica, industrial, moral, social, económica, tecnológica, agrícola, en los transportes,….

         El Siglo XVIII es el siglo de las Luces, de la Ilustración,… y el XIX es el siglo de las Ciencias.

         9.- El progreso científico y técnico no ha llevado de la mano el progreso moral y social. Más bien lo contrario. El capitalismo es el triunfo del individualismo, aún a costa de la sociedad. Se conoce más. Se domina más, pero no somos mejores.

         Las dos guerras mundiales, relacionadas con la tecnología, es la manifestación del Fracaso de la Razón.

         Ha habido una borrachera de la Razón y hemos provocado accidentes.

         "La razón se ha pasado"

         Tendremos que reordenarlo otra vez.

         Es verdad que el hombre es racional, pero no sólo racional. También somos "pasión", "emoción", "sentimientos", "amor", "solidaridad"…

 

         (Continuará, no sé cuándo ni cómo, pero continuará).

 

sábado, 3 de abril de 2010

SER HIPERACTIVO,  ¿ES UNA ENFERMEDAD?

Mayte Tudea Busto

28 de Marzo de 2010     

           

                                                                      

  Esto de colaborar en distintos blogs, me está produciendo una cierta "adicción". En el de Amaduma participo con mucha frecuencia porque hay que mantenerlo alimentado, y cada semana alterna "tengo la obligación" de escribir para el de mi amigo Ángel. Obligación que llevo a cabo con sumo gusto, porque "Anhelito" me mantiene en "primera plana" durante siete días, y a mí, esta forma de "chupar cámara" he de reconocer que me agrada. Hay algún amigo "avieso" por ahí, que insinúa que también me gusta organizar, manejar, dirigir, y en último término, "mangonear".

 

           Confundir actividad con "mangoneo" me obliga a recurrir al diccionario y buscar el significado de estas dos palabras: Activo: "Se aplica a lo que obra con mucha energía o actividad". "Persona que hace con prontitud y sin economizar trabajo aquello que ha de hacer". "La que se ocupa de muchos asuntos y trabaja mucho desarrollando sus propias iniciativas". Mangonear: "Vagar sin hacer nada útil". "Entrometer, intrigar, manejar". "Tomar el principal papel en un asunto, desplegando mucha actividad en su manejo y excluyendo a los demás".

 

           Yo he de reconocer que soy muy activa –hay quien sostiene que hiperactiva-, pero generalmente suelen ser aquellos a quienes les molesta mi ritmo porque ellos no son capaces de seguirlo. Afortunadamente, como este país no es los Estados Unidos, no me veo abocada a que me receten Retalina –un fármaco que modifica ciertos comportamientos en el cerebro-, y que se prescribe con absoluta ligereza a los niños que presentan esta característica, la de la hiperactividad. Según nuestra profesora de Filosofía, Alicia -buena conocedora de las costumbres americanas-, incluso se aplica en los casos de niños simplemente inquietos, para así prever que puedan convertirse en hiperactivos.

 

            Y era aquí donde yo deseaba llegar tras el largo preámbulo. ¿Hacia dónde pretende dirigirse esta sociedad "anestesiada" que se coloca el parche antes de que le salga el grano? ¿Que medica a los niños solo porque son muy "movidos", sin conocer aún los posibles efectos adversos de un fármaco que tardarán en saberse varios años? ¿La sociedad de "me tomo un efenargan nada más levantarme, un ibuprofeno después de la comida, y un valium para acostarme? ¿O como dice una de mis nueras con mucho gracejo "una pastilla de todo me da igual"?

 

             Tomás, nuestro filósofo, asegura muy acertadamente que "el dolor todo lo torna sospechoso". Bien, admitámoslo, no hay por qué vivir con dolor si este puede suprimirse o mitigarse. Pero no confundamos el dolor con la molestia, ni pretendamos eludir las contrariedades que se nos presentan en el día a día adormeciéndolas con ansiolíticos, en lugar de plantarles cara e intentar resolverlas. O sobrellevarlas, si no es posible otra cosa.

 

              Yo me resisto a considerar este mundo como un "valle de lágrimas". Pero no cabe duda de que por mucho que intentemos evitarlo, el sufrimiento está ahí, nos sorprende a veces a la vuelta de una esquina de modo inesperado. Y tenemos que enfrentarnos a él. No valen subterfugios, ni evasiones artificiales. En una de  las circunstancias más duras de mi vida, alguien me dijo: "Los duelos hay que vivirlos, de otro modo no se superan".

 

                Sufrir enseña, nos ayuda a madurar, nos permite crecer como personas. No podemos permanecer siempre como eternos adolescentes emocionales, nuestra obligación es la de convertirnos en adultos. "Lo que no me mata, me hace más fuerte" aseguraba  Niestche, el filósofo alemán.  Y un buen amigo, ante una decisión que había de tomar –por aquello de que estoy intentando aprender  francés-, me aconsejó hace unos días: ¡courage! ¡beaucoup courage! Y yo, para simplificar, he traducido: ¡con dos ovarios!

             

sábado, 27 de marzo de 2010

NO ME MUEVE MI DIOS PARA QUERERTE…

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

Jamás he utilizado con mis hijas el castigo corporal, el azote, la torta. Nunca lo he utilizado para conseguir nada. Mucho menos para conseguir que me temieran.

 

Que yo recuerde, jamás he utilizado con ellas la promesa del premio final, si conseguían algo, a lo que por otra parte estaban obligadas. Estudios, trabajos, etc, para que me quisieran.

 

Siempre intenté convencerlas de que cada uno tenemos unas obligaciones, dependiendo de nuestra situación y circunstancias, con la que debemos cumplir y que por ello no debemos esperar premio especial. Yo debo acudir a mi trabajo, y procurar que mi empresa funcione perfectamente, y para ello percibo un salario. Vosotras debéis acudir al colegio, estudiar y aprovechar para educaros, y si así lo hacéis, obtendréis buenas calificaciones y sobre todo, obtendréis una formación que os será imprescindible en vuestra  vida. Ese es el premio.

 

Nunca me ha gustado hacer promesas de premios a nadie si cumple con su obligación. No creo que por eso fuera más o menos querido en mi trabajo. Pero tampoco he abusado del palo, castigo, o amenazas para conseguir que se me respetara (no se me temiera).

 

Y no por eso se me ha querido o respetado  en mayor o menor medida. Ha habido como en todo, supongo, reparto de opiniones.

 

Por supuesto que yo no quiero más a Pepa porque me ofrezca noches locas de amor, que también, o porque me prometa banquetes de manjares exquisitos (por aquello de que al marido se le conquista por el estómago), que también.

 

Porque los arroces de la Pepa son inigualables, que conste. Solamente he conocido a una persona que preparaba un arroz mejor que ella. Era su madre, la abuela Lola. Su arroz con conejo no tenía parangón. Una delicia. Repito, yo no quiero más a la Pepa por eso. No tiene que prometerme nada de esto para que yo la quiera.

 

No soy consciente de que a nadie haya querido más o menos por sus promesas de premio, ni que a nadie haya temido por sus castigos prometidos… Aquí quizás sí tengo mis dudas. Creo que respecto a los castigos prometidos sí es cierto esa parte del poema anónimo, atribuido a Santa Teresa, a San Juan de la Cruz…

 

Sí recuerdo mis años en el internado de los curas, con sus ejercicios espirituales y esos "sermonazos" de padre espiritual, donde ya te veías penando en las calderas del infierno, sin ninguna posibilidad de redención… Eso era el temor de dios. Que dios los perdone…

 

También había alguno exageradamente partidario de "la letra con sangre entra", y que lo llevaba a rajatabla.

 

Y no por eso eran más queridos, ni más temidos. En todo caso, sí eran más odiados… No merece la pena…

 

Los que os habéis dedicado a la enseñanza, ¿creéis que merece la pena infundir temor en el alumno, con el consiguiente odio que conlleva? Se os debe querer y respetar, independientemente de las promesas o miedos que alguien pueda intentar utilizar para conseguirlos…

 

 

No me mueve, mi dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, señor, muéveme el verte

clavado en esa cruz y escarnecido…

 

 

La verdad es que nunca he tenido un sentimiento especial por las promesas recibidas o adjudicadas a dios, ni por esos castigos tan infrahumanos, predicados por sus emisarios en la tierra. De cualquier forma, si yo tuviera que elegir entre las formas en que yo quisiera ver o recordar la figura de dios, nunca elegiría esta en la que lo intenta representar o recordar el poeta. Yo lo haría, como dice la "Saeta" de Don Antonio Machado, cantada por Serrat

 

no puedo cantar ni quiero

a ese Jesús del madero

sino al que anduvo en la mar…

 

creo que ese Jesús, el que anduvo en la mar, es al que realmente se puede querer, seguir o dejar pasar, pero no temer, que es la peor opción elegida por algunos de sus seguidores…

sábado, 20 de marzo de 2010

LA HORA DE LA VERDAD

            Mayte Tudea Busto                                             

                                                                      

Algunas personas, para su desgracia, son conscientes demasiado pronto de que les ha llegado "la hora de la verdad". Esa hora en la que nos damos cuenta de que nuestro cuerpo, o su funcionamiento, ha dejado de ser un reloj de precisión y comienza a atrasarse o adelantarse, y en ciertos casos, incluso a pararse.

 

Enfermedades prematuras, infartos inesperados, y toda la variedad de dolencias que nuestro organismo es capaz de originar, se presentan a contrapié, inesperadamente, y aún superadas, dejan su huella y obligan al que las ha padecido a actuar con la cautela debida, y en muchas ocasiones les exige un tratamiento farmacológico de por vida.

 

Esta suele ser la excepción. Habitualmente, los "achaques" se  presentan a partir de los sesenta y se van asumiendo con una cierta naturalidad. "Ya no puedo caminar tan deprisa", "mi memoria está fallando", "me canso enseguida", latiguillos que se emplean con frecuencia y que son el exponente claro de un hecho irreversible: el de envejecer.

 

Y en otros casos –quizá los menos frecuentes-, el cuerpo nos engaña durante un tiempo haciéndonos creer que los años resbalan por nosotros, y que pasamos por ellos como "a través de un cristal, sin romperlo ni mancharlo".

 

Existen evidencias exteriores, no cabe duda; algunas arrugas, algunas canas, cierta pérdida de firmeza, pero nos encontramos tan bien por dentro, la vitalidad nos desborda y el cansancio es un compañero que apenas se hace sentir al acostarnos, que llegamos a considerarnos casi inmunes y desde luego distintos a la mayoría de los que nos rodean.

 

Y aún más si nuestro médico nos asegura con una sonrisa: "usted tiene una edad biológica y otra cronológica". ¡Dulce engaño!

 

De pronto, cualquier hecho fortuito, un accidente, una simple gripe, nos coloca en el lugar que nos corresponde, tomamos conciencia de la realidad y la fecha de nuestro carnet de identidad se hace evidente, por fin, para nosotros.

 

Yo tuve una abuela muy singular –digna de admiración-, a la que recuerdo y nombro todos los días de mi vida (mis hijos y mis nietos pueden confirmarlo). Muy cercana a los noventa años, atravesaba la ciudad para visitarnos y recorría andando una distancia aproximada de diez kilómetros, ignorando los consejos de sus hijos de que tomara el autobús o el tranvía para hacerlo. Esos "artefactos", como ella los llamaba, le resultaban sospechosos, y se negaba a utilizarlos por una "cuestión de principios". Pues bien, tras su larga caminata, cuando llegaba a nuestra casa y se sentaba, le decía a mi madre con toda seriedad:

"hija, no se lo que me pasa últimamente, pero me canso". ¡Con casi noventa años y diez kilómetros recorridos!

 

Y puedo asegurarles que murió unos años después, de improviso, dulcemente, sin haber padecido ninguna enfermedad, con una lucidez asombrosa y siendo completamente autónoma hasta sus últimos momentos. Y sospecho que nunca creyó que le había llegado la hora de la verdad.

sábado, 13 de marzo de 2010

MIGUEL DELIBES. ¡MILANA BONITA!

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

Solamente quiero hacer un recordatorio a este gran escritor, quizá falto del debido reconocimiento oficial, que ayer nos dejó. Demasiado pronto. Debió esperar algo más, hasta recibir el Nóbel hartamente merecido.

 

Si yo fuera capaz de ser escritor, creo que solamente podría parecer (aunque solo sea un poquito) a D. Miguel Delibes, no porque pretenda compararme con él, sino por que su forma de escribir – llana, sencilla, sosegada, excelentemente narrativa – es la única a la que a mi me sería posible acceder. No sería capaz de hacer lo que hicieron otros de los célebres Migueles de nuestra literatura: Cervantes, Hernández, Unamuno, etc.

 

Por culpa de una película, creo que tiene al menos tres novelas llevadas al cine, siempre que oigo hablar de Delibes, me viene a la mente el genial Paco Rabal - ¡milana bonitaaaa…! – Es la única película que me ha gustado tanto como la novela.

 

Este genial escritor prefirió vivir su vida, su tierra, sus gustos, sus gentes, y olvidar el "tronío" que le hubiera reportado su marcha a la capital. Su traslado a Madrid posiblemente le habría aportado un escalón en su trato con la crema de la sociedad y la cultura. Los hay que opinan que hubiera sido mucho más fácil su promoción al Nóbel, desde esta nueva ubicación en Madrid.

 

¡Milana bonita…! Era mucho más feliz con sus "Azarías" que arrancado de su "Castilla la Vieja", de donde no quiso salir.

 

Que la memoria te mantenga vivo en todos nosotros, maestro, y que seamos muchos los que sigamos considerándote como nuestro último clásico a fecha de hoy.

 

Don Miguel, milana bonita…

 

13 de marzo de 2010