jueves, 19 de enero de 2012

EN BUSCA DEL ARTÍCULO IMAGINADO

Mayte Tudea Busto

 

 

 

Tengo que hilvanar un comentario para enviar a mi amigo Ángel y que lo coloque en su blog, y aunque me bailan varias ideas en la cabeza, he de estar alerta porque  hoy no quisiera repetirme.

 

Últimamente –una vez publicado y leído lo que he escrito-,  he descubierto en mí una vena trascendente que no me gusta nada. ¿Quién soy yo para ofrecer consejos a los demás? Si no me agrada recibirlos ¿por qué intento darlos? Así que nada de reflexiones pseudo-filosóficas –con Tomas ya tenemos las auténticas- y a ver si se me ocurre algo nuevo o encuentro aprovechable alguna de las "elucubraciones" que con tanta frecuencia traslado al papel.

 

Esto de escribir se ha convertido en una especie de "droga" que engancha y de la que necesitas casi diariamente una dosis –a veces incluso elevada-, para que tu organismo consiga ese grado de equilibrio que te permite sentirte bien.

 

Si tuviera que elegir un momento del día -más bien de la noche-, quizá el más satisfactorio es aquél en que con la música al fondo sonando tenuemente, las persianas cerradas, las cortinas corridas y la luz del flexo iluminando el ordenador,  comienzo a pulsar el teclado y los caracteres se van incrustando en la blancura impoluta del papel virtual.

 

Las ideas a veces se agolpan y superponen, otras intento encontrar el sinónimo adecuado para un adjetivo huidizo y que no responde a lo que deseo expresar. Pulso el ratón y entre los que se me ofrecen aparece ¡por fin! la palabra exacta, la que buscaba, y de nuevo mis dedos toman carrerilla y prosiguen sin pausas y sin vacilaciones.

 

De pronto me quedo en suspenso y no sé como continuar. Me estoy desviando sobre el tema inicial, aparecen dos o tres caminos que se bifurcan y dudo sobre cuál de ellos continuar. Dependiendo de aquél que elija, lo escrito tendrá un significado u otro, tomará tintes dramáticos o humorísticos. Al final, me voy por los cerros de Úbeda y termino un relato

trágico-cómico.

 

Releo lo escrito, rectifico, añado, suprimo, invierto el orden de una frase, recalco otra en negrita, y termino por darle el visto bueno a lo que aparece  en la pantalla. Apago el ordenador. Miro el reloj, al que ni siquiera he dedicado una corta mirada desde que empecé a escribir y doy un respingo ¡la una y media! ¿Cómo es posible que hayan transcurrido casi tres horas desde que comencé y se me hayan pasado en un soplo? Misterio. No hay ninguna actividad de las que llevo a cabo en las que pierda el sentido del tiempo como cuando escribo.

 

Dentro de unos meses, a lo mejor sólo unas semanas, cuando me encuentre con el artículo o con el cuento en el archivo, quizá me sorprenda al releerlo, porque sin desearlo, habré dejado impreso en él el aliento que me impulsó a escribirlo, e incluso podré detectar mi estado de ánimo en aquel momento.

 

Uno es lo que vive, lo que piensa, pero también lo que lee, y por supuesto, lo que escribe. ¡Ya estoy filosofando de nuevo! ¡Que cruz, señor!

 

Bueno, yo únicamente deseaba al iniciar estas líneas contarles un suceso que me ocurrió ayer en el autobús, pero no me ha dado tiempo a relatarlo.  Este comentario que ha intentado explicar cómo toma forma un cuento o un artículo se ha ido conformando sólo y ya he cubierto el espacio que necesitaba. En otro momento le daré forma a lo que pretendía.

 

Habrá que pensar en acostarse. Si he sobrepasado la hora habitual, es muy probable que se me resista el sueño y si estoy despierta, puede que mi imaginación tope con una frase redonda que me de pié a empezar un nuevo relato. Y al final..., Sísifo se hace dueño de la escena.

 

15 de Enero de 2012.

miércoles, 11 de enero de 2012

ATAQUES DE PESIMISMO.

Tomás Morales Cañedo

 

Hay días que, (no sé por qué), me levanto con "la pata izquierda" y "no sé qué pasa que lo veo todo negro",….. "también mi corazón parece todo negro"…. "el mundo entero, para mí, se ha vuelto negro"…. (se me viene a la mente aquella canción de Los Salvajes, que tarareaba en mi juventud).

 

(Entre paréntesis. Las palabras no son neutras, siempre vienen con carga explosiva ideológica. "Venid, benditos de mi Padre y sentaos a su Derecha, ("destra", "diestra", "diestro"…..) y vosotros, malditos…. a la izquierda, ("sinestra", "siniestra", "siniestro"), al infierno…. Cuando todos sabemos que nuestro Andrés, el "perchelero de toda la vida", ha sido, y es, de "izquierdas de toda la vida" y se merece el cielo por lo buena y bella persona que es).

 

Digo que esos días… en vez de ver la vida como un paseo gozoso y festivo… la veo como un fardo con el que hay que cargar, inútilmente, como Sísifo.

 

Esos días,…. Veo que el mismo día que nacemos no venimos no un pan bajo el brazo ni con un cheque en blanco, sino con nuestra "sentencia de muerte" grabada en el disco duro celular.

 

Venimos a la vida y, en ese mismo momento, comenzamos a restar vida, ya nos queda menos vida y la "sentencia de muerte" va acercándose a su cumplimiento.

 

¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Cómo? ¿Por qué? ¡Qué igual da! Nunca lo sabré y el día que lo sepa ya no estaré para contarlo.

 

Todas estas dudas se me diluyen ante la certeza de tener que morir.

 

Y esos días…. ¡Veo la vida como "el corredor de la muerte! Sabiendo que no saldré vivo de ella, que al final allí está la meta, sin querer avanzar hacia ella, porque es la misma vida que, para vivir, está empujándome hacia la muerte.

 

Y llegan a mi mente, revoloteando, aquellas frases en latín, que nos hacía traducir el Padre Julián:

"Mors est corona vitae".

"Mors omnia solvit".

"Mors certa, solum tempus incertum est".

"Mors certa, hora mortis incerta".

"Mori necesse est, sed no quotiens volueris".

"Mos est ultima linea omnium rerum".

 

Es verdad que sólo muere el que está vivo, pero me pregunto si no estarán mi vida y mi muerte conspirando, conchabadas amigablemente y a mis espaldas, contra mí.

 

Esos días negros acude a mi mente una reflexión que, ha tiempo, ya dejé escrita, lo de los "ateobuses" y su "probablemente Dios no existe. Disfruta de la vida".

Y pregunto y me pregunto por qué meter a Dios en el disfrute o no disfrute de la vida.

 

Los ateos piensan que Dios no existe.

Los agnósticos pensamos que, en los momentos claves, Dios no habla (por ahí anda mi reflexión sobre "la firma de Dios").

Los creyentes, en cambio, creen que Dios no calla y no para de hablar, pero que la gente no lo entiende.

 

¿Por qué algunos ateos se han topado con Dios en el lenguaje de las galaxias, pero no todos?

¿Por qué algunos ateos se han topado con Dios en el lenguaje del ADN, pero no todos?

¿Por qué algunos ateos se han topado con Dios en el lenguaje de los números de la Física Atómica, pero no todos?

¿Por qué algunos han descubierto a Dios en el lenguaje del dolor y del sufrimiento, pero yo no?

¿Y por qué otros lo descubren en el lenguaje del amor?

 

¿Es que Dios juega al escondite con nosotros y sólo algunos lo descubren?

 

Supongamos que queremos saber cuántos átomos hay en un microgramo de sal, una partícula apenas lo suficientemente grande para que alguien, con  una vista muy aguda, pueda detectarlo sin la ayuda de un microscopio.

Supongamos que somos capaces de contar "Mil millones de átomos por segundo" (que ya es mucho suponer).

Con esa suposición tardaríamos "50 siglos" para determinar cuántos átomos tiene ese pequeño, pequeñísimos, minúsculo, apenas perceptible, granito de sal.

Y es, entonces, cuando me pregunto de cuántos átomos estará compuesto mi corazón, cuando ama, o mi cerebro, cuando duda y piensa.

 

Y todo se me hace negro.

 

O cuando pienso en los Partidos Políticos "bisagras", esos minúsculos, pero suficientes,  que siempre acuden a las reuniones con el cazo puesto, como un apéndice que le haya crecido adosado a sus manos.

O cuando pienso en la incapacidad de los dos grandes partidos, PSOE y PP, PP y PSOE, puerta y marco, marco y puerta, de nuestra política, incapaces de ponerse de acuerdo en que la puerta puede estar abierta de día y cerrada de noche, sin tener que recurrir a los chantajistas Partidos "bisagra", cortos de vista, sin una visión de estado, sólo pendientes de su terruño.

 

Y hasta el cielo, con su colora azul-esperanza, se me llena de nubarrones negros.

 

O cuando veo, contemplo, asisto al espectáculo de alguien que. siendo mediocre, en vez de querer subir, con esfuerzo, se rodea de gente igual o más mediocre que él, para ahuyentar su complejo de inferioridad.

 

Y esos días,…. no es que el horizonte se me haga negro, es que no veo el horizonte.

 

(Son las tres de la mañana, como casi siempre. Voy a acostarme y a ver si puedo conciliar el sueño. Prometo que mañana, al levantarme, echaré, primero, el pie derecho).

lunes, 2 de enero de 2012

AMISTADES INALTERABLES

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

"Fui selva antes de ser cacique".

Este es un lema escrito en un cartel publicitario situado en una parada de autobús de las que debe haber varias por toda Málaga.

Presenta a un indio, adornado con una diadema – o como se llame ese adorno con gran cantidad de plumas que va rodeándole la cabeza y cae por los hombros -, como digo, adornado con ese abalorio tan típico de los indios del oeste americano.

Y, por supuesto, está adornado de todas esas pinturas en forma de rayas en la cara. No podría decir si son pinturas para hacer la guerra o para hacer el amor…, pero seguro que ha pasado por la sala de maquillaje.

Desde siempre hemos oído aquello de "yo he sido cocinero antes que fraile", y creíamos que con este dicho ya quedaba reflejado todo lo que podíamos expresar de nuestros conocimientos sobre esa materia o situación. Esa muletilla nos situaba por encima del nivel normal de la materia sobre la que se trata.

Mira por donde, un publicista nos enseña cómo un indio, con sus plumas y sus pinturas de ¿amor/ guerra? nos acaba de hundir unos siglos de "sabiduría refranera"…

No es fácil ser capaz de desasirse de aquellos conceptos que tenemos cotejados como insuperables, de gran calidad y precisión.

Un filósofo, tras varias horas de reflexión, de innumerables posicionamientos sobre cualquier tipo de pensamiento o situación, llega a unas conclusiones. Si tú eres capaz de plantearle esa nueva situación desde otro punto de vista, y con nuevos planteamientos verosímiles y lógicos, quizá tengas la posibilidad de que dude o vuelva a plantearse su conclusión desde un nuevo enfoque.

Pero no todos somos filósofos – desafortunada o afortunadamente -. No todos tenemos la facilidad que estos señores tienen para volver a estudiar desde distintos planteamientos las mismas cosas.

Esa facultad queda para los que saben ver, mirar, estudiar, reflexionar… y volver otra vez a ver, mirar…

Los demás, los que no somos filósofos, nos agarramos mucho más a nuestras conclusiones, y defendemos con uñas y dientes aquello que tanto esfuerzo nos ha costado descubrir.  

"En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras" (Bertrand Russell).

Claro que este también era filósofo…

Recuerdo que en cierta ocasión, trabajando para el Grupo de Estudios e Investigación al que pertenecí durante tres años, se me encargó preparar una conferencia sobre Julio César y Cicerón, al igual que a otros compañeros les correspondió hacerlo sobre otros temas.

En las reuniones previas a la fecha, cuando me correspondió presentar mi trabajo, el grupo decidió no admitirlo por defectos de forma y contenido.

Se acordó que debía proponerlo bajo otros puntos de vista y se me dio plazo para su nueva presentación en quince días.

Me llamó la atención que un compañero, al que sí le había gustado la primera versión me dijera que le causaba asombro ver cómo yo había encajado las críticas y había decidido variar el enfoque del mismo sin aparentar enfado y asumiendo las correcciones como errores propios (Paco).

El desarrollo de mi trabajo durante varios años, le dije, me ha enseñado que tus propuestas están hechas con la mejor intención y con el convencimiento de que son las más apropiadas para la consecución de tus objetivos, pero nunca debes rechazar cualquier otro planteamiento, que aunque provenga de otros, puede descubrirte nuevos puntos de vista que habían quedado desenfocados en tu propuesta inicial.  

Siempre tienes ocasión para sorprenderte por las nuevas posturas que puedes encontrar escuchando con atención a las personas que tienen algo que exponer sobre lo que tú ya tienes pre-formado tu informe definitivo.

De acuerdo con lo que anteriormente decía Russell, es necesario volver a poner varios signos de interrogación sobre la mayor parte de las cosas que hemos tenido mucho tiempo como seguras. ¡Qué sorpresas…!

Quién no se ha planteado varias veces  a lo largo de su vida todas esas CONVICCIONES, HECHOS O AMISTADES   INALTERABLES, que para nosotros suponían ese algo "sin discusión";  en muchas ocasiones aceptados sin reflexión, asumidos de nuestros primeros aprendizajes.

No tuvimos en cuenta aquel pensamiento de Erasmo de Rotterdam de que "el colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar". Considero que, aunque se trate de un gran humanista, no es obligatorio estar totalmente de acuerdo con sus pensamientos…

Y todo esto deriva de aquel indio que yo he visto fotografiado en un cartel de publicidad, colocado en un panel de una parada de autobús, donde se leía "Fui selva antes de ser cacique"…     

    

miércoles, 21 de diciembre de 2011

EL VALOR DEL FRACASO

Nono Villalta (diciembre 2011)

 

 

     Sin duda estamos ante una situación económica mundial complicada y grave, y en esta circunstancia empresarios de consolidada trayectoria y jóvenes con ganas de abrirse camino tratan de buscar otras alternativas fuera del riesgo empresarial. Para que esto no ocurra es necesario apoyar a empresarios y emprendedores, porque ellos deben ser los protagonistas de la salida de la crisis. Y especialmente a los que quieren elegir el camino de la innovación en su negocio, como primera opción.

 

     No tener miedo; este es el primer reto que deben asumir. Tienen que ser conscientes de que pueden fracasar, pero el fracaso es una palanca para aprender, crecer y hacerse más fuertes. En nuestro país, desgraciadamente, todavía se castiga demasiado el fracaso, pero en otros países como es el caso de Estados Unidos, por ejemplo, a un empresario que ya ha fracasado algunas veces le será mucho más fácil obtener financiación para un nuevo proyecto porque se le valorará su experiencia y aprendizaje. Nuestros emprendedores deben aprender a pensar en grande y rodearse del mejor equipo, y sobre todo a observar a los demás.

 

     Un emprendedor es un soñador que actúa. Ser empresario es tener un proyecto, un sueño, creer en él y ser lo suficientemente valiente para intentar hacerlo realidad y, sobre todo, suficientemente fuerte para aceptar sus fracasos y volverlo a intentar, suficientemente flexible para adaptarse a su entorno y suficientemente tenaz para conseguir lo que se propone.

 

     En el momento actual hay cierto pesimismo que está calando muy hondo en nuestra sociedad. Hemos de ser optimistas sin dejar de ser realistas. Vamos a encontrar soluciones, enmendar errores, conseguir ganar riqueza, puestos de trabajo y crecimiento económico. Es necesario. El motor de la salida de la crisis tan brutal que nos está azotando son ellos, los que se han visto envueltos en algún fracaso reciente. Tienen lo más importante: experiencia. Apoyemos a estos "fracasados" porque son una parte esencial de nuestra riqueza productiva.

 

martes, 13 de diciembre de 2011

BREVE  ENCUENTRO

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Mayte Tudea Busto

 

Se conocieron en un autobús. Ella reparó enseguida en aquella cabeza cana, de pelo abundante. Los ojos oscuros y vivos destacaban en el rostro atezado. Le agradó su aspecto pulcro y la mirada franca.

 

El, le confesaría después, que al verla, le había llamado la atención  su aspecto elegante y la agilidad de sus movimientos, su desenvoltura casi juvenil.

 

El hombre le ofreció el asiento que había quedado libre junto al suyo, y ella aceptó dando las gracias.

 

Él la observaba de soslayo, mientras la veía escribir con soltura y rapidez en un block cuadriculado. Sentía curiosidad por conocer el contenido de la escritura, pero no se atrevía a mirar abiertamente por temor a resultar indiscreto.

 

Un brusco frenazo, les permitió iniciar la conversación. -"¡Qué forma de conducir!"- -"¡Parece que transportaran ganado!"- -"La he visto en otras ocasiones, ¿siempre coge el autobús de las cuatro?"-     "Habitualmente, aunque a veces lo pierdo"-

 

Durante el trayecto intercambiaron frases más bien superficiales. A pesar de ello, pareció instalarse entre los dos una corriente de simpatía.

 

-Espero verla mañana. Me llamo Eduardo-, le dijo al acercarse a su parada.

 

Coincidieron durante varios días. Hablaron del tiempo, de sus       trabajos, de sus aficiones. Se quejaron de la suciedad en las calles, del escaso civismo de sus paisanos, y ¡como no! de la crisis. Sonreían al hacerlo, conscientes de lo inevitable y manido del tema, pero ¿quién se resistía a nombrarlo? Al fin, convinieron en tutearse.

 

         Una tarde, el hombre preguntó: "¿A qué hora terminas? Podía recogerte y tomar algo juntos". Como en un flash, la mujer observó la pálida y redonda huella en el dedo anular de su acompañante. Y mientras se excusaba ante la invitación con tono educado, pensaba "¡Qué coraje! A partir de mañana tendré que hacer este recorrido en mi coche".

                

sábado, 3 de diciembre de 2011

 

NO ME GUSTAN

Tomás Morales Cañedo

 

Una de las mayores tonterías escritas y que, continuamente se repite, es la de "sobre gustos nada hay escrito".

 

Mentira. Sobre gustos hay escrito lo habido y por haber. A mí me gusta pasear por la Carihuela y ver salir el sol (lo que hago siempre que puedo) y no me gusta ni el Opus, ni los Legionarios de Cristo, ni los Kikos.

 

¿Qué quiere esto decir? Sencillamente eso, que NO me gustan.

 

¿Los prohibiría yo? Por supuesto que no. A nadie prohibiría que…. ni a nadie obligaría a…. Sencillamente, como no me gustan no ingreso en ninguna de esas comunidades o sectas.

 

Allá el gusto de cada uno. A mí no me gustan. Si alguien es feliz perteneciendo a una, a las dos o las tres, simultánea o sucesivamente, allá él. Que sea feliz, que es lo importante.

 

Y que nadie me diga que cómo lo sé "si no he experimentado". Tampoco he experimentado la homosexualidad. Y no necesito ni tan siquiera probarlo, porque no me gusta.

 

¿Odio, pues, a los homosexuales? ¡¡¡Por Dios!!! NO. He sido, soy y seguiré siendo tolerante con las ideas y respetuoso con las personas. Pero que no me obliguen a…

 

Yo soy un agnóstico religioso, filosóficamente libre, moralmente responsable, políticamente demócrata, ideológicamente tolerante, un ilustrado en el sentido pleno de la palabra, amante de mi trabajo, un abuelo empedernido, amigo de mis amigos y enemigo de nadie.

 

Soy alguien que busca, pide, expone y exige razones, argumentos, a quien quiera dialogar conmigo, para que puedan ser confrontados.

 

Soy respetuoso con las creencias, con todas las creencias, pero que no se me las presente como argumentos.

 

El que a mí no me gusten ciertas cosas, ideas o creencias, sólo quiere decir eso, que "no me gustan", pero como volteriano, que me considero, yo también "daría mi vida para que tú, con quien no las comparto, puedas ejercer tu derecho a tenerlas y practicarlas".

 

Lo que sí me gustaría, de ellos, es que si alguien, que voluntaria o forzosamente entró, pueda, también, voluntariamente, salir sin chantajearlo y haciéndole la vida imposible (y son muchos casos los que conozco, empezando por el arquitecto cuya obra he admirado, el catalán Miguel Fisac.

 

Libertad para entrar, para estar y para salir. Por supuesto que SÍ.

 

Yo no sería feliz vistiendo traje y corbata, practicando la endogamia, viendo a los de fuera como peligrosos demonios disfrazados de personas y cantando salmos, a coro, en los retiros dominicales. Soy más feliz en la playa, oyendo las olas, sintiendo el mar, pisando la arena,  y disfrutando, sólo con la mirada, de los desafiantes pechos limonáceos de jovencitas venusinas.

 

Son varias las parábolas que nunca he tragado, y una de ellas era la del Pastor y las ovejas. No me gustan los borregos que a la voz del pastor… Ni me gusta gritar, ni que me griten.

 

Prefiero más a los líderes que se desviven  por los que malviven, pero que son callados y ejemplos a seguir (llámese Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta) que a telepredicadores como Escrivá de Balaguer, Maciel o Kiko Argüello.

 

No me gustan las masivas afluencias de cientos de miles de personas que aplauden y vitorean a quien no considero meritorio.

 

No sé si Kiko Argüello es el nuevo "Aguirre, la cólera de Dios", pero sí que Camino era una visión fidedigna del Opus Dei.

 

Quien sea feliz en la jaula, cantando, y libre del peligro de ser cazado por el gato, ¡mi enhorabuena! Yo prefiero la libertad de volar y cantar, si me apetece, el "Asturias, patria querida", tras haber dado cuenta, con mis amigos, de  un buen Rioja.          

 

 

 

 

 

lunes, 21 de noviembre de 2011

DEBO SER UN BICHO RARO

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

Google.

Todos los que sois – o mejor, somos – adictos a la búsqueda de cualquier tipo de información, sea la que sea, por necesidad o por placer, tenemos esta fácil salida: Google.

Había una palabra, que la utilizaba mucho Iñaqui Gabilondo, cuando dirigía el programa de radio de las mañanas, que solo con oírla ya te daba una idea exacta de lo que pretendía comunicar, pero no la recuerdo. Era algo así como "gusguseando". Pero este antipático alemán me sigue persiguiendo y finalmente conseguirá que la olvide.

Volviendo a lo que iba a decir, metido en esta búsqueda, miré una página de antiguos alumnos de Uclés y me enganchó, no por nada en particular, sino porque en ella encontré reseñas de algunos antiguos compañeros míos de estudios, o de gente que aunque no coincidimos en el tiempo, sí lo hemos hecho en lugares y asuntos que nos han sido comunes.

Y de aquí parte mi primera duda y que da título a mi artículo: Debo Ser Un Tipo Raro.

Leo un artículo de un antiguo alumno, al que yo no recuerdo, aunque cursaba un curso superior al mío, donde veo su gran cariño y admiración por aquel centro. Se apellidaba Mancheño, y refiriéndose a sus recuerdos por los ratos pasados en este centro, cita a otro de sus compañeros que declaraba  "que era un pecado ser de la Mancha y no conocer Uclés".  

Verdaderamente merece la pena conocer el "Escorial de la Mancha". Es un monasterio digno de ser visitado. Pero yo pasé allí cinco años – cada año teníamos mes y medio de vacaciones en verano – y no siento ningún cariño especial, no aprecio dentro de mí esas sensaciones de las que habla este amigo Mancheño…

Continuo viendo otras diversas páginas, artículos, escritos, de otros antiguos alumnos – ignoro si algunos son curas, o se han dedicado a otras profesiones – y encuentro un paralelismo con todos estos detalles anteriormente citados, síntomas a mi parecer, de un afecto, una predilección o una querencia, de la que yo me siento totalmente falto.

No falto por animadversión mía, sino más bien por indiferencia. ¿Tan raro soy yo?

Este amigo Mancheño cita una relación de todos sus compañeros de curso. Efectivamente a algunos de ellos los recuerdo perfectamente e incluso posteriormente hemos coincidido en otros centros y en otras circunstancias, pero yo me impongo el esfuerzo de recordar a mis compañeros de curso, y me resulta imposible pasar de diez o doce nombres (gracias a que mi amigo Bautista tiene una gran memoria y me ayuda a recordarlos).

Continuo leyendo memorias y veo que se trata de asuntos referentes a varios profesores, recuerdo a alguno de ellos, de personas que ahora me resultan totalmente desconocidos… ¿Tan Raro Soy Yo Que Olvido A Esta Gente Habiendo Otros Ex Compañeros Que Recuerdan Nombre, Apellidos, Anécdotas…?

Ante esos afectos que yo veo en estos artículos, y esos ratos tan extraordinarios pasados en este monasterio, intento hurgar en mi memoria, y me encuentro con unos recuerdos – pequeños, no merecedores de esos calificativos que encentro en esos escritos - , que, bueno, los hay buenos, regulares y algunos no tan buenos.

Lo que me llama la atención es que parece que soy yo el único que lleva el paso al revés. No coincido en su mayoría con esas agradables sensaciones, esa plenitud de cariño y agradecimiento de mis antiguos compañeros con la vida pasada aquí.

Considerando todos estos hechos, y que yo no me siento "un bicho raro", estoy empezando a pensar que en estas páginas de antiguos alumnos puede darse una previa criba de artículos, y solamente se publiquen aquellos que reciban el "nihil obstat" de los dirigentes de las mismas.

Por otra parte, existe la posibilidad de que yo no haya sabido apreciar en los años que pasé en este centro las emociones, las vivencias, que sí han podido extraer mis ex compañeros.

Normalmente soy una persona muy observadora, me gusta especialmente escuchar, y suelo apreciar cualquier tipo de ocasión agradable o de comunicación emotiva entre gentes del grupo al que corresponda.

Disfruto de esos bellos momentos seductores, placenteros y que por su fuerte impresión quedan grabados para siempre en la mente de un chico ávido de recibir informaciones que completen poco a poco su formación.

En consecuencia debo haber recibido todo este mismo caudal de sensaciones que relacionan mis antiguos compañeros. Y no las localizo.

Es ese hecho precisamente lo que obliga a preguntarme si soy realmente un bicho raro.

Dando tantas vueltas a estas ideas, me veré obligado a pensar lo que decía Louis Pasteur, cuando "tropezaba" con el problema de las dudas: "Duda siempre de ti mismo, hasta que los datos no dejen lugar a dudas"

En algunos de estos artículos se hablaba de profesores, entre ellos D. Martín. Este D. Martín, dudo que moviera grandes pasiones entre cualquiera de mis compañeros. Yo coincidí con él solamente un año, a dios gracias.

Éramos todos niños de entre diez y dieciséis años, más o menos. Yo tenía diez años en ese año que coincidí con él y por aquella fecha ya era conocido como el mayor "ahostiador" del reino. A niños como nosotros no le resultaba inapropiado propinar un par de tortas por el motivo que él creyera adecuado.

¡Cómo puedes decir que este profesor te hace recordar momentos extraordinarios o sensaciones agradables…!

De todos los profesores que se citan en varios de estos artículos, solamente recuerdo dos – puede que fuera alguno más -, que yo recuerde con especial cariño, respeto y admiración. Son D. Dimas Pérez y D. Vicente Tradacete.

El primero

Ø porque daba siempre la impresión de que te iba a solucionar cualquier problema que tuvieras.

Ø Porque era una persona muy bien preparada, culto y educador.

Ø Porque era el mejor profesor de latín que yo he conocido, y sabía hacerte conocer y gustar esa asignatura.

 

El segundo

Ø Porque era un profesor que te hacía vivir su asignatura

Ø Porque gracias a él yo aprendí a gozar de la música clásica, del teatro, de la lectura…

Ø Porque es el mejor profesor de literatura que yo haya conocido nunca

 

Con estos profesores sí entiendo ese deleite y esos afectos a los que hacen referencia esos artículos. A estos sí me adhiero. Creo que es en lo único que coincido con ellos.

 

Quizá es que yo me perdí todo lo demás, no supe apreciarlo y por ello es por lo que a mí se me plantea la duda de "si realmente yo soy un bicho raro".