domingo, 7 de marzo de 2010

LA VIDA COMO MILAGRO

Mayte Tudea Busto       

 

 

Decía Einstein: "hay apenas dos formas de ver la vida. Una es pensar que no existen los milagros. Otra es creer que todo es un milagro".

 

Ustedes a que teoría se abonan ¿a la primera o a la segunda?

 

A estas alturas de la película en que una ha consumido casi las tres cuartas partes de su vida (soy una optimista irredenta) y que ha vivido experiencias de índole tan diversa, no puede evitar el momento de la reflexión sobre esta larga secuencia que llamamos vida y esbozar algo parecido a un balance, ordenando en el "debe" y en el "haber" los hechos más significativos que nos han sucedido. Es – no puede ser de otro modo -, un balance provisional; el definitivo sólo sería posible llevarlo a cabo en el instante final, y uno, afortunadamente, desconoce cuándo y de que forma va a producirse.

 

No ignoro que existen personas desgraciadas desde que nacen hasta que mueren. Personas marcadas por el infortunio y que son acompañadas por él, sin apenas tregua, en su paso por este mundo.

 

Sin embargo, creo que lo más frecuente en nuestro recorrido vital, es el encadenamiento de sucesos o épocas gozosas, con otros en los que la fortuna – no necesariamente en el sentido material - nos vuelve la espalda, o el dolor nos sorprende con hechos luctuosos e inesperados.

 

Y pienso también, que en todas las experiencias por las que atravesamos, incluso en las más traumáticas, siempre subyace algo positivo, algo que nos hace crecer como personas, madurar, entender mejor a los otros, empatizar, en definitiva humanizarse.

 

Y en este punto para mí se encuentra el "nudo gordiano" de la  reflexión. Aunque puedan ser trascendentes las cosas que nos suceden, lo es mucho más el modo que tenemos de enfrentarnos a ellas. Y aquí se establece la gran diferencia. Si tomáramos como ejemplo dos vidas similares, con acontecimientos felices y dolorosos – como casi todas -, y preguntáramos su opinión a los que las han vivido, uno se manifestaría desgraciado y el otro contento con la que le ha correspondido.

 

"No llores por lo que has perdido, alégrate porque lo has vivido"

Ignoro de quién es esta frase, pero me abono a ella.

 

Valorar cada día todo lo bueno que tenemos, hacer proyectos, ilusionarse también con las pequeñas cosas, recordar que somos importantes para otras personas, que contamos con el afecto de nuestros amigos, y ejercitar aquello que nos gusta y nos proporciona placer, la lectura, la escritura, la música; tener la mente abierta a nuevos conocimientos, y seguir interesados siempre en aprender, porque como decía Chaplin: "en esta vida sólo podemos ser aprendices, no disponemos de tiempo para más".

 

Creo que he dejado bien claro cual es mi teoría. Y a ella me aferro con fuerza, porque hay algo mágico en mucho de lo que nos ocurre, que no podemos prever y que nos sorprende y nos maravilla.

 

Y termino con la última estrofa de un poema muy largo que he compuesto y con el que no debo cansarles:

 

Y aunque sabes incierto el futuro, al sentir

que el milagro anida,

si es milagro el vivir, obligado es decir:

¡gracias te doy vida!

 

5 de Marzo de 2010

 

sábado, 27 de febrero de 2010

LA PRUEBA DE LA SEMANA.

Tomás Morales Cañedo

Enero 2010                                      

 

                                                                 

         Uno, que es de poco pero intenso dormir, y que duerme cuando tiene sueño y pasea cuando le apetece y que lee y escribe constantemente, porque es lo que más le gusta,…

         Ese uno, (o sea yo) es amante de la radio, como fondo y como fuente de reflexiones.

 

         Hay una emisora que, a altas horas de la noche, tiene un programa titulado "La prueba de la semana".

         Consiste, a cambio de una Mp3 o algo similar, hacerle creer a alguien íntimo, a la novia, al amigo, a la madre,…una barbaridad, un hecho insólito, algo "increíble" (pero que se lo tiene que "creer") para poder conseguir el premio.

 

         Desde que "llevo un mes, cariño mío, acostándome con Nuria, que, como sabes, es tu hermana y tres años más joven que tú. Quiero que sepas mi determinación de irme a vivir con ella, así que ¡adiós!….). Y todo esto, así, en frío, con la guardia baja.

 

         O, "oye José, que quería contarte algo y no quiero que te lo tomes a mal, pero estoy acostándome con tu madre. Has visto que llevo una semana sin ir a clase, "por estar enfermo", (por eso te dije que me pasaras los apuntes), pero no es verdad. Es que cuando tu sales de casa para ir a clase a la Facul. y tu padre se ha ido al trabajo, yo me voy a tu casa y me acuesto con tu madre, hasta eso del mediodía. Pero que tú no te lo tomes como un insulto…

 

         El vocabulario de la persona que se siente ofendida no puede ser expuesto aquí. ¡La cantidad de improperios, de tacos, de insultos, de blasfemias, de sapos que salen por esas bocas,… son para oírlos, pero no para escribirlos!

 

         La última. Una hija única, universitaria, huérfana de padre, que tiene que hacerle creer a su viuda madre que ha decidido vender el piso (cuya entrada, primeras letras, avales,…los ha puesto la madre, pero que en la escritura de compraventa sólo consta la hija) y entregárselo a una secta en la que acaba de ingresar, porque está viendo la luz y el dinero no es importante en esta vida, y que, además, acabe de raparse la cabeza al cero, para que ella (la madre) vea/sepa la firme determinación de hacer lo que dice que va a hacer.

         Además "quiero que sepas que has dejado de ser mi madre, ahora lo que tengo son hermanos, en un grupo que estábamos ciegos pero que estamos encontrando y yendo por el buen camino, hacia la luz…" ¡Estoy viendo la luz, mamá! ¡Adiós!

 

         Lo que la madre dice, cómo llora, cómo grita, cómo….

 

         Y todo para, luego, al final, decirle que "ERA UNA BROMA", que era la prueba de la semana y que "tu novio, tu amigo o tu hija la ha superado con éxito, y se lleva la Mp3 o un fin de semana en Nerja.

 

         Yo no sé vosotros. Yo me cojo el coche, el AVE, el avión,… y, sin esperar a coger el móvil, me planto allí, y como no estén esperándome la policía con la camisa de fuerza,  del primer bofetón que le pego…

 

         ERA UNA BROMA.

 

         Es como si yo voy al circo con mi Santi y el domador de osos me lo coge (en broma) y me lo mete en la jaula de los osos (broma) y el oso (en broma) que no obedece las órdenes del domador y me coge a mi niño y comienza a morderlo, a zarandearlo, a tirarlo por el aire (en broma). Y cuando yo (en serio) me cojo la silla de tijera en que estaba mi niño, me lanzo a la pista y la emprendo a silletazo limpio contra el domador, contra el oso, contra el payaso que pasaba por allí, contra la trapecista, que sonríe, contra el director del circo y la madre que lo parió, y comienzo a blasfemar, y si en vez de la silla tengo una pistola a mano y cuando voy a empezar a disparar contra todo lo que se menee…

 

         ES UNA BROMA.

 

         El oso no era un oso sino un hombre metido en un vestido de oso.

         Lo que el oso zarandeaba y pisoteaba no era mi Santi sino un muñeco de trapo.

         Todo….Todo… había sido una BROMA.

 

         ¿Era BROMA el infarto que casi me da? Y la "angustia sufrida" por mí, ¿también era una Broma? ¿Era broma mi "sufrimiento angustioso"?.

 

         Pero ¿dónde está el límite entra la "broma" y el "delito"?. Y ¿quién marca ese límite?, ¿el bromista? El bromista no tiene límites porque para él eso no es real, sino un simulacro de verdad, una broma.

         ¿Sería totalmente explicable y justificable el que, yo, engañado, hubiera matado a alguien?

 

         Pero es que, ya mismo, no es que sea por teléfono, veremos en directo el cameo con Nuria, con la madre, o la cabeza rapada.

         ¿Cómo  puede uno prestarse a esa complicidad morbosa, dañina, letal, con un ser querido?

 

         ¿Cómo  puede distorsionarse la realidad de tal manera que genere en el "bromeado" ese estado tan….?

 

        

         ¿Y el infarto que casi les provoca? ¿No es real?

 

         ¿Cómo pueden ser compensados esos tres minutos de angustia por un simple artilugio o un fin de semana en la costa como recompensa?

 

         ¿Hasta dónde llega la irresponsabilidad de quien entra en ese diabólico juego, a costa, tan sólo, de un ser querido?

        

         ¿Qué hemos hecho con los valores, ¡Dios mío!?

jueves, 11 de febrero de 2010

YO FUI CAMIONERO

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

 

Lo único que recuerdo de mi vecino Carlos es que era minusválido, usaba muletas para "mal-andar" y que tenía muy mal genio cuando se enfadaba.

 

También recuerdo que poseía una gran habilidad con las manos para fabricar juguetes de hojalata.

 

Gracias a él, yo fui camionero en mi niñez.

 

En casa había un gran corral – o al menos así me lo parecía a mí -, que en invierno se llenaba de nieve y en verano daba una sombra magnífica. En ese corral, cuando no me apetecía irme de juegos con los amigos del cole, me refugiaba y montaba mis zonas de juego.

 

Aprovechando algunos desniveles, construí una carretera, con sus puentes, sus subidas y bajadas, e incluso un  aparcamiento y un garaje (en un fallo en la pared de la cuadra).

 

Todo muy bonito y muy aprovechable, pero… faltaba el camión. Hasta que un día pasó por allí mi vecino Carlos y me vio jugando con una caja de cartón… Sin decir nada, me fabricó un camión de hojalata, que ¡hasta giraba las ruedas delanteras!

 

Pasaba tardes enteras conduciendo mi camión por mis carreteras del corral. Y preparaba mis transportes, áridos, animales, madera, etc.

 

Debí pasar muy buenos ratos jugando en este mundo que yo me monté, porque al recordarlo me invade una gran tranquilidad. Me vienen recuerdos muy apacibles, muy agradables… eso significa que no encuentro señales de tensiones ni peleas ni de cualquier otra situación desagradable en mi recuerdo de vida de "camionero".

 

En aquel tiempo pude haber aprovechado para hacerme un niño filósofo. Tuve tiempo ¡mucho tiempo! para pensar, y de hecho lo hacía…, pero no supe aprovecharlo. Hubo un tiempo en que, tras una larga enfermedad, que casi me costó la vida, me vi obligado a abandonar los juegos de niños que implicaban un cierto riesgo, y retirarme a otros juegos más sedentarios y con más desgaste "mental que físico".

 

Si hubiera sabido aprovecharlo, podría haber desarrollado mi facultad de análisis, discusión y selección, y ahora podría competir con mi amigo en su terreno, pero no supe…   

 

Pero queda claro que yo, en mi niñez, fui camionero, experto en obras públicas y además, sin que sirva de precedente, trabajaba por amor al arte. Eso no volvió a repetirse jamás.

 

En aquellos tiempos, cuando algunos camiones llevaban una especie de depósito, o cocina, o… yo no recuerdo bien qué era aquello que llevaban atrás, en el cajón y que era de gasógeno, y tiraba el humo hacia arriba… Yo veía en mi pueblo, que bajaban de la sierra cargados de troncos de pino, y en algunas curvas del pueblo debían andar con mucho cuidado porque rozaban con esos largos palos a las paredes de enfrente.

 

Me gustaban porque no sonaban el claxon normal, sino una especie de silbido, como lo hacían los pastores a las ovejas. Y luego, en "Los Guijares", descargaban esos palos, formaban lo que nosotros llamábamos "cambras" (ignoro su causa, aunque no su significado), y en el otoño, por sus alrededores, nacían unas magníficas setas de cardo.  

 

¡De esos, de esos camioneros es de los que yo quería ser! Pero el camión que me regaló Carlos no era de ese tipo. No podía cargar palos largos para poder hacer yo mis "cambras" particulares…

 

Después, ya pasado el tiempo, poco a poco fui olvidando el oficio, abandoné el negocio, y me fui cambiando de nuevo al asunto del juego normal de un niño de seis o siete años. A mis amigos, a mis juegos, dejé la "filosofía elemental", y me metí de lleno con la más agradable disciplina del retoce, merienda, recreo, juego, pelota, etc. Eso no crea afición.

 

Por cierto, siendo más mayor, ya tenía novia, íbamos de guateque (no sé si algunos de los que me lean saben lo que era eso de "guateque". Si no lo saben que lo pregunten a sus padres, que ellos sí lo sabrán). Bueno, pues en esos guateques, especialmente cuando los hacíamos en la cámara de los padres de la Sole, en Hellín,  yo les decía a mis amigos que me dejaran encender la lumbre, porque yo de joven había sido pastor. ¡Y se lo creían!... y me dejaban encender… si podía, porque yo de pastor tengo menos que de cura…

 

Así que de niño, además de monaguillo, he tenido dos oficios: camionero y pastor. Uno de verdad…, aunque de juguete. El otro, ni siquiera de juguete, pero se lo han creído…

 

Y también, como dije anteriormente, me fui aficionando a la meditación filosófica. Lo peor es que, al no tener mentor, no supe aprovechar la ocasión y me quede en aficionado…

 

Cuando veáis a vuestros hijos jugando a algo, muy metidos en el juego, no los desaprovechéis. Preguntadles que os cuenten lo que "llevan entre manos", quizá os enteréis de que están desarrollando una misión especial, o simplemente os comenten algún pensamiento filosófico, que aunque de niño, sea capaz de haceros pensar "¡qué demonios se estará cociendo en la cabecita de esta criatura…!"

 

Y os puede sorprender…, como a mí cuando encontraba una seta al lado de la "cambra" de madera…

 

 

Agosto de 2008

miércoles, 3 de febrero de 2010

COMBATIR LA SOLEDAD

Mayte Tudea Busto

Febrero 2009

                              

He leído hace pocos días en ésos correos electrónicos que recibo y que en ocasiones me abruman por lo numerosos, que conviene romper la rutina en nuestras habituales acciones, que eso estimula la mente, que activa las conexiones entre las neuronas y  nos permite mantenernos más vivos, durante más tiempo.

 

         Tras el elogio de nuestro filósofo Tomás, precisamente a la rutina, no seré yo quien defienda la teoría anterior, ya que no tengo conocimientos científicos para hacerlo.

 

         No obstante, como soy una gran curiosa, toda novedad que se presenta en mi vida me hace sentirme interesada, inquieta, y con una sensación de estar "sobre ascuas", con los reflejos prestos para reaccionar.

 

         Sigo creyendo que lo más apasionante que tiene la vida es precisamente eso, lo imprevisible, que nada está escrito y si así fuera, afortunadamente no es un libro que podamos leer y conocer su desenlace con anticipación. Bueno, el final sí lo sabemos, es inamovible, pero no los caminos que nos llevarán a él.

 

         Y como siempre que comienzo un tema, me disperso, y voy derivando hacia otras latitudes a las que en un principio no pensaba dirigirme.

 

         Yo había iniciado esta reflexión escrita hablando de la conveniencia de romper la rutina. Y esta misma tarde, en lugar de acudir a la establecida clase de Filosofía, he participado junto con treinta y cuatro personas en un "Taller de Risoterapia" organizado por la Universidad.

 

         Y esa ruptura de la "costumbre" –de una costumbre temporal-, me ha permitido darme cuenta de algo que ya sabía, pero que se me ha mostrado de una forma mucho más evidente: la soledad que soportan muchas personas, especialmente de nuestra edad, y la carencia afectiva que padecen. Soledad física –la de no compartir el espacio propio con nadie más-, y soledad emocional, aquella que provoca el convivir con alguien y sentir que se habita en galaxias diferentes. Creo, sin lugar a dudas, que ésta última es la peor.

 

         Este Taller de Risoterapia está concebido como un juego. Un juego con derivaciones diversas, y con la pretensión de que los jugadores confiesen en voz alta el momento que están atravesando, sus frustraciones, sus expectativas y que además permite acercarse unos a otros, tocarse, abrazarse, sonreír, reírse con los demás, y también de uno mismo. Tras la relajación final inducida por una música evocadora y un texto conmovedor leído por una de las monitoras, hubo personas que no pudieron contener las lágrimas.

 

         Entiendo que ésta es una forma agradable de ruptura con lo cotidiano. Y que permite a muchas personas entreabrir esa celda en la que se sienten aprisionadas, y liberarse de algunas de las cadenas que las sujetan –mentales en su mayoría-, y abrirse a los demás reconociendo su soledad, que es uno de los caminos para dejar de estar solo.

jueves, 28 de enero de 2010

ENERGÍA NUCLEAR.

Tomás Morales Cañedo

Enero 2010                                      

 

                                                                 

         Me cuenta, un sevillano, que conoce a un militante activo del S.O.C. (ya saben, Sindicato Obrero del Campo), sindicato anexo a Marinaleda, a su alcalde y a municipios colindantes, que tiene colgada, tras la puerta de su casa, la bandera reivindicativa de "El campo para quien lo trabaja" y "NO al Capitalismo ni a la Explotación" y que, cuando llega el fin de semana, acude en su coche y fumando, a la reunión sindical para saber dónde hay que manifestarse ese fin de semana.

         Hay quien acostumbra, los fines de semana, a ir a Mercadona, al Cine, de Compras o, simplemente, a Pasear, como otros hacen de la manifestación semanal una forma de vida.

 

         Aquí nadie quiere renunciar al coche, al frigorífico, a la lavadora, al aire acondicionado, a la placa de cocina, al brasero, a la televisión,…. pero dicen NO a las Centrales Nucleares, como si las energías alternativas pudieran soportar el endiablado ritmo de vida de nuestro estado de bienestar.

         Tengo guardado, como reliquia histórica, mi primer teléfono móvil, el "moncontro", feo, incómodo y pesado como él solo. Nada tiene que ver con los modelos actuales de no sé qué generación, porque nada más aparecer los últimos ya pasan a ser penúltimos.

         Como si las centrales nucleares modernas y actuales fuesen igual, en seguridad, que nuestras enanas y prehistóricas.

 

         Felipe González, que solía presidir la pancarta de "Nucleares NO, Gracias" o ha reflexionado  o se ha informado mejor, pero lo cierto es que dice que las Centrales Nucleares nos son necesarias.

         Pero como toda Central Nuclear genera unos residuos radiactivos, que hay que enterrar, nadie quiere que en su pueblo se instale dicho cementerio, a pesar de que (¡eufemismos del lenguaje!), para camuflar la información directa, se les denomina A.T.C. (Almacén Temporal Centralizado).

         Algún alcalde, avispado, ha preguntado al gobierno cuánto, en €, le reportaría la autorización de dicho cementerio en su municipio, pero como el pueblo se le ha echado encima y ya ve perdidas las próximas elecciones ha dicho "diego" donde antes dijo "digo", él no vio lo que vio, y aquí paz y después gloria.

 

         Nuestro Estado español está organizado en tres niveles de decisión: el estatal, el autonómico y el municipal. Y lo normal es que estuvieran, siempre, jerarquizados.

 

         Cuando surge un problema de estado (más allá del gobierno de turno) la solución no puede ser delegada en el poder autonómico y, menos aún, en el poder municipal.

         El Estado es el que debe, tras consultar con los expertos en el tema y en acuerdo con los partidos nacionales, "canalizar el río"  orientándolo hacia el bien común, y no permitir que cada cual desvíe o dirija el agua a su molino particular.

 

         Esa estrechez y cortedad de miras hace que estemos practicando una política de café o de discoteca, de la Señorita Pepis, donde "lo mío" prima sobre "lo nuestro" y "lo municipal" y "lo autonómico" sobre "lo nacional". Porque, así, estamos haciendo al país cada vez más impracticable.

 

         Nunca lo lógico fue tan contradictorio y lo contradictorio tan normal.

         Somos tan contradictorios que queremos correr, en coche, sin pagar las carreteras y la gasolina.

         Queremos fumar y no echar humo.

 

         Hemos creado un mundo donde "el aquí, el ahora y el yo" ocupen el centro, pero no queremos asumir las consecuencias de lo alrededor.

         Queremos seguir comiendo fruta pero que las mondas se las lleven a otro sitio, donde yo no pueda oler su putrefacción y, además, que lo paguen otros.

         Tendremos que importar lo que no queremos producir, y eso hay que pagarlo.

         Pero es más, si importamos energía de las centrales nucleares francesas y les exportamos a los franceses los residuos radiactivos de nuestras enanas centrales tendremos, no sólo un doble gasto, sino que, además, un cementerio nuclear en el sur de Francia no nos libra del imaginario o posible peligro de contaminación.

 

         Igualmente, si un pueblo puede decidir autorizar la instalación de dicho cementerio nuclear en su término municipal, ¿no pueden oponerse los pueblos colindantes, porque ellos, sin pedirlo, estarían expuestos al mismo peligro y, además, sin recibir prebenda alguna  en las múltiple y variadas modalidades?

 

         Un fallo estructural no puede ser corregido con un tapajuntas puntual y engañoso.

 

         Un antiguo alumno habla de la moderna mcdonalización del pensamiento. ¡Lástima que no haya sido yo el descubridor de esta verdad!

        

domingo, 24 de enero de 2010

ALIENACIÓN, HOY.

Tomás Morales Cañedo

Enero 2.010                            

 

                                              

         Confieso ser agnóstico, pero, hoy, difícilmente, podría llegar a ser ateo. En otros tiempos esto sería imaginable.

 

         No creo que una persona, por pertenecer a una iglesia y comulgar y practicar una determinada religión, que por ser religiosa, sea mejor, como persona, que otra atea. Y viceversa.

 

         El que se confiesa ateo se refiere sólo ateo respecto a un dios concreto, porque, luego, es un creyente furibundo en otros dioses mundanos alternativos, más modernizados, sea el dios Estado, el dios Poder, el dios Dinero, el dios Éxito, el dios Triunfo Social y/o Económico,… mostrando, con estos nuevos dioses, un comportamiento que nada tiene que envidiar a la antigua devoción y práctica religiosa del dios de sus padres.

 

         Es otro creyente, otro tipo de creyente, practicante y adorador, pero creyente, y no menor que el creyente de toda la historia.

 

         El comportamiento religioso parece estar incrustado en la esencia misma del hombre y acompañarlo allá donde vaya o esté. Y si la religión ha sido uno de las principales causas de alienación, pareciendo que el hombre no comenzaría a vivir auténticamente hasta que no hubiera ya matado y se hubiera deshecho de dios, los ateos, teóricamente, serían los menos alienados, pero prácticamente, como es tan fácil la frustración ante estos nuevos dioses, tan movibles, tan efímeros, de vida tan corta pero tan intensa y tan exigente, en poco se distinguirían de los antiguos alienados religiosos.

 

         Si es verdad que en otros tiempos hubo guerras religiosas, (en realidad fueron guerras políticas disfrazadas de religión), hoy, estos nuevos dioses alternativos, que se han autosubido a los altares y que se alimentan de la competitividad y llevan en sus venas, inyectado, el virus del monopolio, son los auténticos causantes de las nuevas y más mortíferas guerras.

 

         Independientemente de esa otra guerra encubierta en la que un auténtico asesino, pseudoautoyhéterocalificado de mártir, hace explotar la carga explosiva que lleva atada a su cuerpo.

 

         ¡Malditos sean los dioses que tienen sed de sangre ajena y se satisfacen con la entrega de la vida, con la autoinmolación, de uno de los creyentes en él!

         ¡Malditos sean los dioses buscadores de muertes, como fin, valiéndose de asesinos odiosos y odiadores como medios!

 

         Cualquier persona sensata y sensible, mientras estén desarrollándose tantas y tan crueles guerras, y haya tanta y tan mortífera pobreza, causantes de tantas y tantas muertes inocentes, sin distinción de edad, sexo, religión, cultura,… tanta muerte directa o producto de un efecto colateral, sobre todo si son niños, cuyo único delito parece ser haber nacido en ese tiempo y en ese lugar, sin haber tenido tiempo de contraer mérito ni demérito alguno…Es difícil que ante tanta plaga apocalíptica letal, como efecto de unas causas nítidamente  detectadas y reconocidas, uno no pueda sentirse alienado, por el simple hecho de ser hombre.

viernes, 15 de enero de 2010

SORPRESAS

Ángel Pulla Dijort/Málaga

 

No te lo vas a creer. Pero es la verdad. Siempre encuentras hechos, dichos, historias… Siempre encuentras algo que resulta ser una completa sorpresa.

 

Sorpresas… Sí, hace unos días oí que a Mr. Obama la habían concedido el Nóbel de la Paz (¿?). Me pregunté qué había hecho este señor para obtener tal distinción. Verdaderamente, me sentiría igual que si un día me dicen que alguien me propone como candidato a un premio de literatura porque yo escribo algunos artículos. Sería una sorpresa.

 

Desde hace años, por el "protocolo de la familia Pulla – Tomás", solamente vamos de vacaciones al pueblo, Beteta, un máximo de siete días al año. Ni nos parece bien ni mal, sino todo lo contrario. Vamos ese tiempo porque creemos que es justamente el límite entre un saludo – hola, cómo estás, y la familia, muuuá, muuuá… - y la despedida, sin que comience a aparecer el aburrimiento, el hastío, el "echo de menos el mar, la playa…"

 

Pues este verano, estando en cumplimiento del citado protocolo, me encuentro con mi amigo Pedro Manuel, también ya jubilado, y su compañera, tan guapa como siempre, hermana de mi amigo Santiago.

 

Cuando me marchaba de la terraza de tomar una cerveza, al despedirme, me dice Sara "oye, Ángel, que conste que leemos tu blog". ¡Eso fue una sorpresa! Viven en Madrid, y jamás he comentado con ellos nada sobre mi blog. Me sorprendió y me agradó. Siempre agrada que alguien te lea. Si además le gusta… ¡para morirse!

 

Sorpresas, sorpresas. Las hay, y a montones. A veces hasta tú te sorprendes a ti mismo.

 

A veces lees un escrito de alguien conocido, un amigo, un compañero, y te sorprende la riqueza de vocabulario, la forma de componer, de explicar su visión de la vida. Te sorprende la comprobación de que las personas a las que tú creías "salidas de madre" demuestran una formación y un equilibrio mental muy superior al que tú le suponías.    

 

Nunca habría sido capaz de pre-suponer que una señorita, escasamente preparada en el aspecto intelectual, no demasiado dotada de belleza física (su cara no era modelo de belleza), con no sé qué desconocidos poderes de seducción y de liderazgo, sea capaz de sugestionar a todo un país el día en que alguien quiso presentarla, tras una operación de cirugía estética, como si estuviéramos a punto de presenciar la llegada al mundo del Mesías… ¡Señoras y señores, nada más y nada menos que… Belén Esteban!

 

¿Cómo, quién, qué c… es esto? ¡Esto sí es que es una sorpresa!

 

No soy quién para juzgar si Jorge Javier Vázquez es o no un gran presentador, o si se merece o no el premio ese que le otorgaron hace unos días, lo que sí estoy seguro es de que sí es capaz de organizar una presentación de una chica luchadora (¡¡¡… yo matooo…!!!), que ha sabido exprimir su vida privada y la de los suyos, hasta ser  capaz de vivir de ello exclusivamente, y todo esto… ¡consiguiendo una audiencia en televisión que no pudieron superar los señores Zapatero y Rajoy en un cara a cara!

 

O los señores de televisión son unos magos, o el nivel cultural del personal español es deprimente. Elijan ustedes la respuesta… ¡Esto sí que es una sorpresa!

 

Pero no me repongo de las sorpresas. La judicatura española no da para más.

 

Un juez del juzgado 16 de  Madrid, nos sorprende, creo que a los primeros que sorprendió fue a sus colegas judiciales, con una sentencia sobre asuntos anteriormente juzgados por otros jueces, y con una salida totalmente contraria a las anteriormente citadas. Ni soy juez ni tengo la más mínima idea de Derecho, pero no es necesario para encontrar ¡la sorpresa!

 

El artículo 20 de la Constitución Española dice entre otras cosas:

 

1. Se reconocen y protegen los derechos:

a.      A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b.     A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

c.     A la libertad de cátedra.

d.     A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

 

 Creo que no hay mejor forma de expresar mi sorpresa ante estos hechos, de personas que están designados a mantener y cuidar por nuestros derechos y a impartir justicia, que el comentario leído en el diario El País del día 24 de diciembre de 2009, que reproduzco a continuación:

 

"La libertad de información indisoluble del pluralismo político es garantía de la opinión pública y ha de prevalecer siempre que verse sobre hechos de interés general, con trascendencia política, social o económica, primando entonces sobre el interés a la dignidad o intimidad personal", señala la sentencia de la Audiencia Provincial.

Los magistrados recuerdan que cuando se produce "una colisión de la libertad de información con el derecho al honor, aquélla (la libertad de información) goza, en general, de una posición preferente y las restricciones que de dicho conflicto puedan derivarse a la libertad de información deben interpretarse de tal modo que el contenido fundamental del derecho a la información no resulte, dada su jerarquía institucional, desnaturalizado ni incorrectamente relativizado".

Lo más sorprendente es que el propio juez admite la verdad en la información a que se refiere la citada sentencia.

Mi sorpresa en este caso es mayor, cuando sospechosamente este juez, con su conflictiva sentencia, coincide exactamente con la defensa del caso de un determinado partido político, implicado en el asunto. "Et verbum caro factum est…"  

¡Sorpresas que da la vida…!

Día de los Inocentes, 28/12/09